Dos musulmanes acusados de violar y asesinar a una mujer budista, crimen que desencadenó una espiral de violencia sectaria en el oeste Birmania, han sido condenados a la pena de muerte, informó hoy la prensa local.

Mamed Rawphi y Khochi fueron sentenciados ayer en un tribunal provincial por el crimen cometido el pasado 28 de mayo y que provocó una oleada de enfrentamientos entre musulmanes y budistas con un saldo de 50 muertos en el estado de Rakhine.

Un tercer acusado, Shaung Shu, se ahorcó con su propia ropa mientras se encontraba detenido en prisión, según indicó el diario oficialista "The New Light of Myanmar".

Los tres estaban acusados de asesinar a una mujer budista, a la que previamente robaron y violaron cuando volvía a su casa del trabajo.

Una veintena de personas estaban presentes en el juicio contra Mamed Rawphi y Khochi, quienes podrán apelar la sentencia ante el Tribunal Supremo.

Tras el hallazgo del cadáver, una multitud de budistas detuvo un autocar en el que decían viajaban los culpables y mataron a diez musulmanes el domingo 3 de junio.

A partir de entonces, grupos de personas musulmanas y budistas se enfrentaron en diversas localidades de Rakhinem y el Gobierno declaró el estado de excepción el 10 de junio, lo que incluye el toque de queda y la cesión de la seguridad a los militares, entre otras medidas.

Según datos oficiales, 50 personas murieron, 54 fueron heridas y se quemaron 2.230 viviendas y edificios en los disturbios ocurridos entre el 28 de mayo y el 14 de junio.

Casi 32.000 personas que tuvieron que huir de sus hogares o los han perdido a raíz de los incendios provocados durante los enfrentamientos se instalaron en 37 refugios temporales repartidos por el estado de Rakhine, colindante con Bangladesh.

Unos 800.000 musulmanes de la etnia rohingya viven en Birmania, la mayoría en Rakhine, aunque las autoridades de este país de mayoría budista no los reconocen como ciudadanos y mantiene que proceden de la vecina Bangladesh.

Esta comunidad apátrida tampoco es reconocida en Bangladesh, donde unos 300.000 rohingyas se encuentran hacinados en campos de refugiados.

Birmania, después de casi medio siglo de dictadura militar, vive una etapa de reformas de tinte democrático desde que la última junta se disolvió y traspasó el poder a un gobierno civil afín, en 2011.