Con las principales economías europeas al borde del colapso, los líderes mundiales concluyeron la reunión anual del Grupo de los 20 y buscaron garantizar al mundo que encontrarán la manera de apagar un incendio económico avivado por deuda que ha amenazado a bancos, aniquilado empleos y colapsado gobiernos por toda Europa.

Pero presidentes y primeros ministros reunidos en este balneario mexicano parecían conformes con posponer durante algún tiempo cualquier decisión importante, emitiendo sólo una declaración general que no llegó a comprometer a las naciones a un gasto más grande a menos que las condiciones empeoren y exijan responsabilidad fiscal.

Durante meses, gobiernos y economistas han sopesado dos rumbos diferentes para aliviar la crisis financiera: Gastar más para tratar de estimular el crecimiento o reducir drásticamente presupuestos con el fin de restaurar la confianza del inversionista. Los líderes europeos se dirigen a casa sin anunciar ningún acuerdo significativo, y se proponen reunirse de nuevo a fines de junio en Bruselas, con la meta de adoptar un plan más detallado contra la crisis financiera del continente.

No obstante, las divisiones en el debate estímulos-versus-austeridad eran claramente visibles entre los 24 jefes de Estado reunidos en una convención fuertemente resguardada.

Los líderes conservadores de Reino Unido, Corea del Sur y Alemania se manifestaron decididamente por la austeridad, advirtiendo que los recortes presupuestales eran cruciales para restablecer el orden fiscal y la confianza del mundo.

"Los países en crisis deberán encontrar medidas que quizá sean dolorosas y políticamente impopulares en el plazo corto, pero aún así deben proseguir por este rumbo", dijo el lunes el presidente sudcoreano Li Myung-bak.

En el lado opuesto estuvieron los gobiernos de tendencia de izquierda, como los de Argentina, Brasil y Francia, que condenaron el plan de austeridad impuesto por Alemania a naciones atribuladas como España y Grecia, y presionaron por más gasto de estímulo económico.

El presidente Barack Obama dijo que los líderes europeos "entienden la seriedad" de su crisis de deuda y están avanzando con "intenso sentido de urgencia" para encontrar una solución.

Tras la cumbre, Obama agregó que los problemas económicos en Europa no los resolverá el G20 o Estados Unidos, sino las naciones europeas. Manifestó su confianza en que podrán lograrlo, aunque reconoció la dificultad para hacer que los congresos de todos los países estén de acuerdo.

Después que la presidenta argentina Cristina Fernández se reunió con su homóloga brasileña Dilma Rousseff, las dos se unieron en su oposición al existente plan de rescate financiero.

De acuerdo con la cancillería argentina, las presidentas acordaron revisar las propuestas de Alemania para enfrentar la crisis.

El presidente mexicano Felipe Calderón dijo que la cumbre terminó con la firma de un documento que incluyó un plan integral para el futuro, pero sin detalles.

El hecho de que los líderes sólo acuerden algunas políticas generales es típico de las declaraciones del G20, dijo Jacob Kirkegaard, un analista del Instituto Peterson de Economías Internacionales, con sede en Washington.

"Sobre el tema importante del momento, o de semanas y meses, el comunicado del G20 no va a hacer una gran diferencia", dijo Kirkegaard. "El comunicado repetirá el mantra sobre el crecimiento global sólido y equilibrado. Con cada país miembro libre de hacer lo que quiera, esa es la manera de disimular esas diferencias".

En efecto, las palabras tranquilizantes de la declaración no lograron sosegar los mercados bursátiles mundiales, que cerraron mixtos y se mantenían nerviosos el martes.

Alemania debe cargar con una gran parte de las contribuciones para rescatar a países europeos económicamente más débiles que gastaron de más durante años. A cambio, Alemania ha insistido en fuertes recortes de países destinatarios de la ayuda, como Grecia.

Tales recortes han llevado a una drástica privación económica de los votantes en Grecia y otros países. Un número creciente de países europeos han propugnado el gasto y el crecimiento, no la austeridad, y la declaración final del G20 hizo una mención limitada de esa posibilidad.

"Estamos unidos en nuestra determinación de promover el crecimiento y el empleo", indicó el documento. "Un sólido crecimiento sostenible y equilibrado sigue siendo la máxima prioridad del G20, dado que lleva a una mayor generación de empleos e incrementa el bienestar de la gente".

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Los periodistas de la AP Michael Weissenstein en Los Cabos, México; Christopher S. Rugaber y Jim Kuhnhenn en Washington; Geir Moulson en Berlín; y Sarah DiLorenzo en Bruselas contribuyeron a este despacho.