La familia gobernante de Arabia Saudí designó el lunes al príncipe Salman bin Abdul-Aziz, quien funge como ministro de Defensa, como el nuevo heredero de la corona, un gesto esperado que mantiene el control del poder dentro del círculo senil cada vez menor de dirigentes de uno de los aliados de Occidente más cruciales en el Medio Oriente.

El anuncio fue hecho mediante decreto real, un día después del funeral del pasado heredero al trono, el príncipe Nayef, quien falleció la semana pasada en Ginebra y que apenas había sido nombrado príncipe heredero en noviembre.

El príncipe Salman, de 76 años, es el tercer sucesor del rey Abdula, de 88 años, en ser designado desde el año pasado.

Esa situación refleja los contratiempos de la salud y la edad que algún día le cederán el control del gran productor de petróleo a una generación más joven, al tiempo que el Medio Oriente es sacudido por revueltas políticas y exigencias de cambio que hasta ahora han sido contenidas por las autoridades de los países colindantes del Golfo Pérsico.

Salman trabajó durante más de cuatro décadas en el puesto influyente de gobernador de Riad, la capital saudí, y es el patriarca de los negocios de la familia, que incluyen un paquete accionario del diario panárabe Al-Sharq al-Awsat, un importante instrumento de comunicación de los gobernantes saudíes.

Como parte de los cambios en la sucesión, el príncipe Ahmed fue ascendido de viceministro del interior al puesto de Nayef como titular del ministerio, que ha tenido una presencia clave en las operaciones contra los milicianos islámicos luego de los ataques del 11 de septiembre en Estados Unidos.

Esa decisión parece colocar a Ahmed, que tiene al parecer poco más de 70 años, en una posición cercana a la sucesión del trono.