La dirigente de la oposición en Mianmar, Aung San Suu Kyi, reveló el sábado que el Premio Nobel de la Paz que ganó cuando estaba arrestada hace 21 años le ayudó a superar el sentimiento de aislamiento y permitió que el mundo exigiera democracia en su país bajo control militar.

Suu Kyi recibió dos ovaciones de pie en el ayuntamiento de Oslo cuando pronunció su demorado discurso de aceptación del premio ante el Comité Noruego del Nobel, en presencia del rey Harald de Noruega, la reina Sonja y unos 600 dignatarios.

La también adalid de la libertad política en su país celebró el poder de su distinción con el Nobel en 1991, tanto por rescatarla de las profundidades de la desesperación personal como por arrojar una luz imperecedera sobre las injusticias en Mianmar.

"A menudo en mis días de arresto domiciliario, sentía como si yo no era ya parte del mundo real", relató en medio del silencio en el recinto que fue decorado con arreglos de crisantemos frescos y torres de orquídeas.

"Estaba la casa que era mi mundo. Estaba el mundo de los demás que tampoco eran libres pero que estaban juntos en la prisión como una comunidad. Y estaba el mundo de los libres. Cada uno era un planeta diferente en busca de su propio curso distinto en un universo indiferente", describió.

"Lo que hizo el Premio Nobel de la Paz fue llevarme de nuevo al mundo de los otros seres humanos, fuera del área aislada en que vivía, restaurarme el sentido de la realidad ... Me hizo real otra vez ... Y lo más importante, el Premio Nobel había atraído la atención del mundo hacia la lucha por la democracia y los derechos humanos en Birmania (ahora Mianmar). No íbamos a ser olvidados", manifestó en su discurso de 40 minutos.

Suu Kyi, quien desde que consiguió su libertad en 2010 ha dirigido al partido Liga Nacional por la Democracia en el parlamento de Mianmar, presentó un panorama cauto sobre los primeros pasos tentativos hacia una reforma democrática en su nación. Pero sostuvo que los avances futuros dependían de una persistente presión internacional sobre el gobierno.

"Si pugno por un optimismo cauto, no es porque no tenga fe en el futuro, sino porque no quiero alentar una fe ciega. Sin fe en el futuro, sin la convicción de que los valores democráticos y los derechos humanos fundamentales no son solamente necesarios sino posibles para nuestra sociedad, nuestro movimiento no podría haberse sostenido al paso de los años demoledores", expresó.

Con estas palabras, Suu Kyi aludió a las dos últimas décadas desde que las autoridades militares de Mianmar se negaron a aceptar el contundente triunfo de su partido en las elecciones de 1990, un año después de que empezó su arresto.

El presidente del Comité Noruego del Nobel, Thorbjorn Jagland, presentó a Suu Kyi como una líder de "tenacidad imponente, sacrificio y firmeza en los principios".