Los griegos estaban votando el domingo por segunda vez en seis semanas, en las elecciones más importantes en el país en 40 años. En juego está la permanencia griega en la zona del euro.

El torbellino político desatado por dos años de crisis financiera ha sacudido los mercados en todo el mundo, con temores de que una victoria de los partidos que han prometido cancelar los acuerdos de rescate del país y sus medidas de austeridad acompañantes pudiera causar la salida de Grecia del euro.

Eso a su vez casi seguramente lastraría a otros países en problemas financieros y pudiera acabar con la unidad monetaria.

Los últimos sondeos de opinión publicados dos semanas antes de los comicios mostraron que el partido radical de izquierda Syriza, de Alexis Tsipras, marchaba parejo con el conservador Nueva Democracia, de Antonis Samaras. Pero no es probable que algún partido gane suficientes votos para formar gobierno por sí mismo, lo que significa que tendría que formarse una coalición para evitar otra elección.

Los comicios del 6 de mayo resultaron en ningún partido con suficientes votos para formar gobierno, y las negociaciones de coalición se desplomaron luego de 10 días. La votación, que además envió al ex partido gobernante PASOK a sus niveles más bajos, dejó el claro mensaje de que los griegos han perdido la paciencia con la severa austeridad impuesta a cambio de que el país reciba miles de millones de euros en préstamos de rescate de otros países de la eurozona y del Fondo Monetario Internacional.

Una imagen aparecida el sábado en una calle de Atenas simbolizaba la percepción de desesperación, matizada con rasgos de resistencia, que prevalece en un país azotado por cinco años de recesión luego de varios años de crédito y consumo fáciles. Un indigente dormía en un umbral teniendo a un lado una caja de cartón con una ranura abierta en la parte superior con la esperanza de que los transeúntes depositaran alguna moneda. "No necesitamos al euro", rezaba el lema en carteles proselitistas de un pequeño partido de extrema izquierda que estaban colocados en un muro colindante.

Los sondeos muestran que la mayoría de los griegos desean permanecer en la unión monetaria de Europa, pero los años que han pasado en la austeridad con pocas señales de mejoría han ahondado el sentimiento de aislamiento.

"La gente está angustiada por sus ahorros, sus empleos, su seguridad, su futuro y el de sus hijos", expuso Stathis Psillos, profesor de filosofía en la Universidad de Atenas, en un correo electrónico.

Las elecciones pueden ser fundamentales para determinar si Grecia se hunde más en el caos económico, y es forzada a retomar su antigua moneda, el dracma, una eventualidad que equivale, al menos, en el corto plazo a un recorrido por el vacío económico y social.