El exministro de Educación de Argentina Juan Carlos Tedesco afirmó hoy que las multitudinarias protestas estudiantiles en Chile durante gran parte del 2011, revelan el agotamiento de un modelo de financiación de la educación, que carga excesivamente sobre las familias el costo de ella.

Para el educador y pedagogo argentino, el movimiento estudiantil chileno revela también la crisis de las formas tradicionales de representación política y las tensiones entre la expansión educativa y las rigideces del mercado de trabajo.

En declaraciones a Efe, Tedesco, que llega a Chile para presentar su libro "Educación y Justicia Social en América Latina", gracias al patrocinio del Fondo de Cultura Económica, resaltó la complejidad de las protestas de los jóvenes.

En su opinión, no se trata sólo de un fenómeno educativo, también de una manifestación política, social y cultural.

"Por un lado, pone de manifiesto el éxito de las políticas educativas de los últimos años que han permitido un acceso masivo a la educación y desarrollaron en los jóvenes una fuerte capacidad de demanda, de organización y de movilización. Por el otro, revela el agotamiento de un modelo de financiamiento de la educación, particularmente de la superior, que carga excesivamente sobre las familias el costo de ella".

Las movilizaciones de los estudiantes, que comenzaron a mediados de mayo del 2011 y que terminaron prácticamente al finalizar el año, tuvieron como objetivo exigir que el Gobierno central vuelva a administrar la educación primaria y secundaria, que se prohíba a las instituciones privadas lucrarse con la educación y que se garantice en la Constitución el derecho a una educación pública, gratuita y de calidad.

Sin embargo, al término de las protestas y de las ocupaciones de colegios, no fue mucho lo que consiguieron los jóvenes por lo que este año han decidido continuar con las marchas multitudinarias.

Según Tedesco, ministro de Educación entre los años 2007 y 2009 de la actual presidenta de Argentina, Cristina Fernández, el tema de la gratuidad de la educación tiene que ser analizado en el marco del conjunto de las políticas sociales, particularmente de las políticas impositivas y de distribución de ingresos.

Señala que en el caso argentino, la gratuidad de la educación pública superior fue una conquista social lograda a mediados del siglo pasado y tuvo un papel importante en la democratización de la universidad.

"Sin embargo, ese papel se puede cumplir si la gratuidad va acompañada de políticas económicas y sociales que promuevan equidad", acotó el educador argentino, autor de nueve libros.

Indicó que en caso contrario, la selección social se produce en la escuela primaria y secundaria y sólo llegan a la universidad los hijos de los sectores sociales más favorecidos que se benefician de una educación gratuita para ellos, pero pagada por el conjunto de la sociedad.

"Yo estoy de acuerdo con una educación superior gratuita sólo si eso va acompañado por políticas fiscales progresivas mediante las cuales los sectores más ricos financien la gratuidad de la educación para los sectores más pobres", aseveró.

Señaló que el alto costo de la educación de los países limítrofes y centroamericanos, ha determinado que unos 50.000 jóvenes estudien en las universidades argentinas, que en su opinión, no provocan ningún problema sino, al contrario, "es una riqueza especialmente desde el punto de vista de la diversidad y la integración cultural".

Dijo a Efe que para los que miran estos problemas en términos puramente financieros, es bueno recordarles que esos 50.000 estudiantes ocupan y pagan viviendas, consumen todo lo necesario para su vida cotidiana y atraen familiares para que los visiten.

"La economía de las ciudades donde están localizadas las universidades que reciben a los estudiantes extranjeros tiene en este sector una fuente importante de dinamismo", subrayó.