El papa Benedicto XVI recibía información de los tres cardenales que nombró en abril para investigar una serie de filtraciones de documentos del Vaticano que ha dejado mal parada a la alta jerarquía de la Iglesia católica.

Los cardenales recibieron un mandato amplio para entrevistar a funcionarios vaticanos de cualquier nivel a fin de llegar al fondo de las filtraciones, y comunicarle los hallazgos al pontífice.

Los tres trabajan por separado con base en una investigación penal encabezada por el principal guardaespaldas del Papa, quien es un ex agente del servicio secreto italiana que dirige a la fuerza policial del Vaticano.

Hasta ahora sólo una persona ha sido detenida: el mayordomo del Papa, Paolo Gabriele, de 46 años y padre de tres hijos. Gabriele fue aprehendido el 23 de mayo y acusado de robo grave tras encontrarle numerosas páginas de documentos papales en su apartamento en Ciudad del Vaticano. La próxima semana será interrogado de nuevo por el juez investigador, luego de una pausa de una semana.

El Vaticano informó el sábado que Benedicto XVI se reunirá en el transcurso del día con la comisión que indaga las filtraciones. Esta encabezada por una de las más importantes figuras legales del Vaticano: el cardenal Julian Herranz, un prelado del Opus Dei que dirigió el despacho jurídico del Vaticano, así como la comisión disciplinaria de la burocracia vaticana, hasta que se retiró.

El escándalo de las filtraciones estalló en enero cuando el periodista italiano Gianluigi Nuzzi reveló cartas de un ex alto administrador del Vaticano quien le suplicó al Papa que no lo transfiriera por haber revelado presuntos actos de corrupción que le costaron al Vaticano millones de euros (dólares) en contratos con precios elevados. El prelado fue transferido y ahora es el embajador vaticano en Estados Unidos.

El escándalo creció en los meses siguientes con la filtración de documentos a periodistas italianos que pusieron al desnudo las luchas de poder dentro del Vaticano en las acciones por mostrar una mayor transparencia financiera y cumplir con las normas internacionales contra el blanqueo de dinero.

El bochornoso asunto llegó a un punto álgido el mes pasado cuando Nuzzi publicó todo un libro basado en un nuevo conjunto de documentos, incluyendo correspondencia personal del y para el Papa, y de su secretario privado. Una gran parte de ese material presenta una visión adversa de la secretaría de estado del Vaticano.