Tayyip, cállate ya". Es la pancarta más sucinta en la marea de carteles en defensa del aborto, muchos con mensajes dirigidos contra el primer ministro turco, Recep Tayyip Erdogan, al que no dudan en calificar de "enemigo de las mujeres".

En gran parte de la población ha sentado muy mal el que Erdogan equiparara el aborto, legal en Turquía desde 1983, con el "asesinato" y prometiera una nueva ley, que se teme sea mucho más restrictiva.

El malestar es tanto por el fondo como por las formas: Erdogan aseguró que "cada aborto es un Uludere", en referencia al lugar donde en diciembre pasado murieron 34 jóvenes civiles kurdos en un bombardeo del ejército turco, que los confundió con guerrilleros.

"Uludere es un crimen; el aborto es un derecho", defienden, en cambio, las pancartas. Muchas de las manifestantes llevan una chapa con el símbolo feminista y no dudan en encuadrar las intenciones del Gobierno en la oleada de conservadurismo que, según ellas, está dirigida directamente contra la libertad de las mujeres.

"El Gobierno quiere implantar poco a poco un sistema islámico y el primer blanco somos las mujeres", opina Arzu Becerik, que ha acudido a una reciente manifestación en Istiklal, la calle central de Estambul.

La joven no diferencia entre una posible prohibición total y la opción de limitar el aborto legal a las primeras cuatro semanas, una propuesta avanzada por algunos portavoces del Gobierno, en contraste con las 10 semanas actualmente en vigor.

"Un plazo tan corto no sirve de nada. Dos o tres semanas es precisamente el tiempo que una mujer necesita para darse cuenta de que puede estar embarazada, hacer las pruebas... y cuando quiera tomar una decisión, ya no sería legal", critica la manifestante.

"No soy una incubadora", "Gobierno: quita tus manos de mi cuerpo" o "Prohibir el aborto es terrorismo de Estado", son algunos de los mensajes en la concentración, compuesta sólo por mujeres.

"El ministro de Salud, Recep Akdag, ha dicho incluso que no hace falta abortar ni cuando una mujer sea violada porque el Estado se ocupará del niño", se indigna Becerik.

El jueves, Ümit Boyner, presidente de la patronal turca TÜSIAD, también criticó duramente "las declaraciones humillantes que insinúan que la violación es algo casi natural", y el viernes, el viceprimer ministro Bülent Arinç le respondió pidiéndole que se metiera en sus asuntos.

Pero el debate ya ha inundado el país entero. Mañana domingo, tres marchas simultáneas se realizarán en Ankara, Estambul y Esmirna y no estarán ya sólo los colectivos feministas sino mujeres de todo tipo y condición, también de convicciones islámicas, asegura una militante que no se quiere identificar.

Esta persona confía en que el Gobierno corregirá el rumbo, porque ya son muchos los colectivos, también en el sector de los profesionales de salud, que se han opuesto públicamente al proyecto de prohibición, asegura.

Este conflicto parece haber abierto un nuevo foco en el enfrentamiento entre los valores del laicismo oficial en un Estado de población mayoritariamente musulmana y una ascendente clase política de conservadores religiosos.

Incluso en el propio partido de Erdogan, Justicia y Desarrollo (AKP), se escuchan voces disidentes, como la del diputado Haluk Özdalga, que la semana pasada declaró a la prensa que "prohibir el aborto sería un gran error".

"Si se prohíbe, las mujeres con posibles irán a Chipre del Norte (República Turca del Norte de Chipre) donde un aborto se podría hacer por unas 1.000 liras (unos 400 euros), gastos de viaje incluidos, de manera que la ley sólo afectará a las mujeres de bajo escalón económico, que recurrirán a métodos caseros de aborto", vaticinó.

También la plataforma "Por el derecho al aborto y la decisión de la mujer" augura en un comunicado hecho público el viernes que una prohibición abriría "el mercado negro del aborto" y causaría la muerte a centenares de mujeres.

"Ni ministro, ni marido ni teólogo: nadie controla nuestro cuerpo, nuestra sexualidad, ni nuestra fertilidad", reivindica la plataforma.

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Ilya U. Topper