Los egipcios votaban el sábado en la histórica segunda vuelta de las elecciones presidenciales, escogiendo entre el ex primer ministro de Hosni Mubarak y un candidato de la islamista Hermandad Musulmana, en una contienda que ha polarizado profundamente al país.

Los dos días de votaciones producirán el primer presidente electo en Egipto desde que una sublevación popular derrocó el año pasado a Mubarak, quien cumple cadena perpetua.

Los comicios enfrentan a Ahmed Shafiq, el ex premier que era un oficial de carrera, como Mubarak; y el islamista Mohammed Morsi, un ingeniero que estudió en Estados Unidos. El ganador va a ser apenas el quinto presidente desde el derrocamiento de la monarquía hace casi 60 años. Shafiq es considerado una extensión del régimen autoritario de Mubarak, mientras que Morsi ha despertado temores de más religión en el gobierno y restricción de libertades si gana.

Los comicios deberán ser la última escala en una turbulenta transición supervisada por los generales que tomaron el poder a la caída de Mubarak. Pero el asunto de si entregarán genuinamente el control para el 1 de julio se ha visto en entredicho, luego que el gobierno actual dio a la policía militar y las agencias de seguridad el derecho a arrestar a civiles por una serie de supuestos delitos — un paso visto como una declaración de facto de ley marcial.

La Hermandad Musulmana egipcia advirtió el viernes que un fallo judicial para disolver el parlamento encabezado por sus diputados y dejar que el último primer ministro de Mubarak se postulase a la presidencia era una medida para revertir los avances de la revolución.

El grupo fundamentalista cobró superioridad en las elecciones parlamentarias del año pasado, consideradas el primer indicio democrático en muchos años, aunque la decisión judicial del jueves disolvió esa fase del poder y deja al país sin legislatura.