Una niña sufrió casi tres años de abuso sexual hasta que le contó a alguien que su guía espiritual era el victimario, sin saber que la denuncia se convertiría en un suplicio para toda su familia en una comunidad con reglas anacrónicas para la ciudad de Nueva York.

La comunidad de judíos ultraortodoxos en el distrito de Brooklyn ha protegido y defendido a Nechemya Weberman, de 53 años, con el argumento de la acusación es falsa. En cambio, la niña es tachada en las calles de ramera y buscapleitos, mientras su familia es amenazada y escupida.

El apoyo comunitario a Weberman, quien es enjuiciado este mes, y la marginación social de la acusadora y su familia reflejan las viejas creencias en esa comunidad aislada de que los problemas deben ser tratados internamente y de que los mayores tienen una estatura moral muy superior a la de los jóvenes.

El caso ha generado también afirmaciones de que el fiscal de distrito ha sido demasiado condescendiente con los poderosos rabinos, aunque niega el señalamiento con vehemencia.

"Hay otras personas que señalan una mala conducta, y no pueden manifestarlo porque van a ser víctimas de nuevo y marginadas por la comunidad", dijo Judy Genut, amiga de la familia de la acusadora que ofrece asesoría a niñas problemáticas.

Brooklyn es el hogar de 250.000 judíos ultraortodoxos, la comunidad más grande fuera de Israel. En las calles Williamsburg se encuentran personas con pantalones ajustados y tatuajes entre hombres con abrigos y sombreros oscuros que llevan libros de oración y hablan yiddish. Los judíos jasídicos parecen como extraños que vinieron de otro tiempo. Las mujeres visten faldas largas y se cubren la cabeza después de casarse.

Tienen sus propias ambulancias y escuelas, llamadas yeshivas, su propia policía civil y cortes rabínicas. Los integrantes son alentados a hablar primero con un rabino antes de las autoridades laicas, y en consecuencia, las denuncias llegan muy rara vez ante las autoridades formales.

"Creen que cualquiera que denuncie a alguien ante las autoridades externas está cometiendo una transgresión a la comunidad en general", señaló el profesor Samuel Heilman, que imparte cursos sobre estudios judíos en la universidad Queens College.

La chica, ahora de 17 años, fue enviada con Weberman a los 12 debido a que hacía preguntas teológicas y a que éste tenía la reputación de devolver a las personas al camino espiritual. Con frecuencia orientaba a las personas, aunque carecía de formación profesional. Pero durante las sesiones, de acuerdo con las autoridades formales, forzó a la niña para que hiciera actos sexuales.

La muchacha comenzó a vestir sin decoro, fue tachada de problemática, sacada de su escuela — relacionada con Weberman — y enviada a otra, afirmaron amigos de la familia. Los señalamientos surgieron en 2011 cuando la niña le dijo a su orientador vocacional que había sido víctimas de abusos.

De manera general, The Associated Press no identifica a las personas que se consideran víctimas de ataque sexual.

Weberman se ha declarado inocente, al tiempo que en periódicos del jasidismo han proclamado su inocencia y suplicado a la comunidad que lo apoyen. Más de un millar de personas asistieron a un encuentro de recaudación de fondos para reunir 500.000 dólares que serían usados para su defensa legal y para, en caso de que se hallado culpable y encarcelado, ayudar a su familia.

El abogado George Farkas, que defiende a Weberman, dijo que su cliente no es culpable y que es condenado sin consideración debido a señalamientos que mancharán su reputación.

La familia de la presunta víctima ha dicho que hubiera preferido tratar el caso dentro de la comunidad. Pero cuando las acusaciones son manejadas internamente, las víctimas reciben muy pocas veces la debida atención y los abusadores no son castigados, en parte porque la palabra de un mayor es respetada sobre la palabra de un infante, expusieron víctimas y defensores.

Joel Engelman dijo que intentó colaborar con las autoridades de las yeshivas, pero que terminó confrontándolas a los 22 años por un rabino que lo hizo víctima de abusos cuando era niño. Engelman fue sometido al polígrafo e instado a callar la acusación. El rabino señalado fue temporalmente retirado, el tiempo suficiente para que Engelman cumpliera los 23 años que de acuerdo la ley estatal le quitaban el derecho de presentar una demanda.

"Es que no quieren creer que los rabinos, que han aprendido a respetar, pudieran ser tan crueles y pudieran ser tan delincuenciales", dijo Engelman, ahora de 26.

La justicia formal ha tenido también tiempos difíciles. Antes de 2009, únicamente un puñado de casos de abuso sexual fueron denunciados dentro de la comunidad ultraortodoxa. Entonces, el fiscal de distrito Charles Hynes estableció un programa llamado Kol Tzedek (La voz de la justicia) para que las personas se sintieran animadas a denunciar abusos sexuales.

El plan, junto con una línea telefónica especial y asesoría, era en parte que los fiscales no tuvieran por norma divulgar los nombres de los presuntos victimarios. Los casos, sin embargo, son ventilados en cortes abiertas y los nombres son públicos.

Hynes dijo que antes de Kol Tzedek tenía problemas para armar procesos con éxito. "En cuanto dábamos el nombre de un acusado ... (rabinos y otras personas) metían a esta comunidad en una búsqueda implacable de las víctimas", dijo. "Y son muy, muy buenos en la identificación de las víctimas. Y luego las víctimas serían intimidadas y amenazadas, y el caso se venía abajo".

Desde entonces, 100 de los 5,389 casos en el distrito han provenido de la comunidad ultraortodoxa, dijo la fiscalía de distrito.

Pero los defensores de derechos de las víctimas afirman que Hynes ha ignorado deliberadamente algunos casos y no ha seguido otros hasta el proceso judicial completo, al ceder ante los influyentes rabinos a cambio de apoyo político, aunque el fiscal niega el señalamiento.

"A (Hynes) no le importan las víctimas", expuso el rabino Nuchem Rosenberg, quien afirma que ha sido marginado por denunciar abusos. "Atiende a quienes están en el poder, de modo que puedan conservar el poder".