La policía arrestó el viernes al último fugitivo sospechoso del ataque mortal con gas de una secta del fin del mundo en el metro de Tokio hace 17 años, con lo que concluyó una de las más largas persecuciones en Japón y se cerró un capítulo del peor ataque terrorista en la historia del país.

Katsuya Takahashi, el antiguo guardaespaldas del líder del culto Aum Shinrikyo, fue rastreado hasta un café y tienda de historietas en el centro de Tokio. Cuando la policía se le acercó admitió quién era.

Takahashi ha estado en la lista de criminales más buscados de Japón por años por su presunto papel el ataque, que mató a 13 personas e hirió a más de 6.000 en 1995.

Según informes de los medios de comunicación, trabajó para una compañía de construcción y evitó ser capturado al usar un nombre falso, usar una mascara de cirugía en el trabajo y buscar labores en las que no tuviera que reunirse con personas.

La búsqueda avanzó, después de mucho tiempo congelada, a principios de este año cuando un fugitivo clave se entregó. Eso llevó al arresto de otro sospechoso, lo que dejaba como único fugitivo a Takahashi.

Cerca de 200 miembros de la secta Aum Shinrikyo han sido condenados por el ataque con gas y otra decena de delitos. Trece, entre ellos el gurú del culto Shoko Asahara, están condenados a muerte.

El culto, rebautizado como Aleph, llegó a tener 10.000 miembros en Japón y aseguró congregar a otros 30.000 en Rusia. Todavía cuenta con cientos de miembros. El culto se encuentra bajo vigilancia policial y sus nuevos dirigentes han repudiado públicamente a Asahara.