El grupo español Amaral, tras casi 15 años de carrera, se prepara para iniciar la próxima semana su primera gira por Estados Unidos con motivo del lanzamiento de su último álbum, "Hacia lo salvaje", cuyas canciones buscan transmitir que "siempre hay espacio para la esperanza".

"La sensación de querer escapar se refleja a lo largo del disco; las ganar de ir hacia otro lugar mejor, otra realidad, hacia una sociedad distinta, menos caníbal consigo misma", dijo a Efe la vocalista del grupo, Eva Amaral.

"Me imagino que tendrá bastante que ver con lo que hemos vivido en nuestro país en los últimos años. Es inevitable que te afecte", indicó la cantante.

Las canciones del disco, como recuerda el guitarrista del grupo, Juan Aguirre, se escribieron entre 2009 y 2010, antes de que surgieran "algunos movimientos sociales" como el del 15-M, pero "captan cosas que están en el aire. En nuestra mente y en la de muchos amigos nuestros", apuntó.

Y el mensaje que buscan plasmar con canciones como "Si las calles pudieran hablar", "Como un martillo en la pared" u "Hoy es el principio del final" es que "siempre hay espacio para la esperanza".

"Queremos transmitir las ganas de ir hacia la luz, de que al final hay algo distinto. Incluso la canción más melancólica o tenebrosa tiene algo de esperanza al final", afirmó Amaral.

La gira del grupo arranca el próximo día 20 en The Roxy, el célebre club de Sunset Boulevard en Los Ángeles, para continuar con paradas en San Diego y San Francisco antes de regresar a España y volver de nuevo a tierras estadounidenses con más conciertos en Houston, Chicago y otras localidades de la costa este.

"Queremos recorrer el país de punta a punta", comentó Aguirre. "Es la ventaja de autogestionar nuestros discos y tener sellos independientes en cada país. Estamos muy contentos. Un lugar tan grande despierta bastante fascinación para los dos y para el resto de la banda", agregó.

Y la primera parada para promover el disco, una mezcla de folk y rock con tintes melancólicos que saldrá a la venta en EEUU en julio, será en Los Ángeles, una ciudad que a Amaral le transmite "bastante locura, muchísima vida y muchísima historia" relacionada con clásicos del rock de los 60 y los 70.

Además, tocarán en uno de los lugares míticos de Sunset Boulevard, el mismo donde actuaron figuras como Neil Young, Bob Marley, Peter Gabriel, Van Morrison, Bruce Springsteen o Red Hot Chili Peppers.

"El Roxy es un sitio muy emblemático", indicó Amaral. "Nos presentaron esa opción y fue un puntazo para nosotros. Nos apetecía mucho", añadió.

A pesar de este escenario tan particular, el dúo promete un espectáculo similar a los que darán próximamente en su regreso a España.

"Siempre que tocamos sentimos que volvemos a empezar, da igual que sea en Los Ángeles que en A Coruña. Intentamos tocar lo más fuerte posible, somos muy obsesivos con que suene bien. Para nosotros es la fiesta total, como llegar a casa, poner la música a todo volumen y que se llene de gente", manifestó Aguirre.

Amaral y Aguirre, amigos prácticamente desde la adolescencia, admiten que nunca han hecho planes a largo plazo y que por ello no saben concretamente qué les deparará el camino.

"Si hiciéramos planes de futuro nunca hubiéramos hecho un grupo. Nos parecía inviable en nuestros barrios de Zaragoza (noreste español)", explicó el músico.

Pero al menos tienen claro que seguirán innovando en cada disco, alejándose de territorios comunes y fórmulas para el éxito.

"Nunca hemos pensado en términos económicos. Nosotros necesitábamos hacer música. Teníamos una atracción bestial por tocar en directo. Es una cuestión de necesidad vital el viajar y conocer sitios nuevos", declaró Aguirre.

"Repetirnos sería aburrido para nosotros. No nos haría felices. Hacemos música porque disfrutamos de ella. Al final filtras lo que escuchas, lo que ves, los sonidos que te llegan. Nos gusta viajar y tocar. Es la vida ideal para nosotros", declaró Amaral.

Tienen claro que buscan "disfrutar el presente" y que, a pesar de su aspecto tranquilo y reposado, seguirán desmelenándose sobre el escenario.

"Es una cosa catártica. En el escenario nos volvemos bastante locos. La electricidad de los amplificadores, el sonido de las baterías... nos introduce en una especie de ritual. Es como la banda sonora de nuestra vida desde que éramos pequeños", concluyó Aguirre.

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Por Antonio Martín Guirado