Un equipo de observadores de la ONU ingresó el jueves a la ciudad siria de Haffa después que tropas del gobierno tomaron el área cerca del Mediterráneo, quitándole el territorio a los insurgentes tras ocho días de combates.

Los monitores efectuaron su visita horas después de que un atacante suicida detonó su camioneta cargada de explosivos en un suburbio de Damasco, lo cual dejó 14 heridos y dañó uno de los santuarios más venerados del islam chií, de acuerdo con testigos y la agencia noticiosa estatal siria.

Sausan Ghoshe, portavoz de los observadores, confirmó que éstos entraron a Haffa el jueves. Los testigos que viajan con el equipo describieron escenas de intensos combates y destrucción, entre ellas un cadáver en una calle desierta y edificios estatales quemados.

Los observadores llevaban una semana intentando entrar al poblado en la provincia costera de Latakia después que surgieron temores de que las fuerzas del régimen efectuaban un ataque brutal allí.

El enclave en las montañas ha sido escenario de intensos enfrentamientos entre fuerzas gubernamentales y cientos de insurgentes atrincherados en el lugar.

Una multitud enfurecida arrojó piedras y palos el martes a los vehículos de la misión de la ONU cerca de Haffa, obligándolos a regresarse.

Luego las autoridades dijeron el miércoles que habían "limpiado" el área de "grupos terroristas armados" y exhortaron a los observadores de las Naciones Unidas a dirigirse allí de inmediato "para verificar qué habían hecho los grupos terroristas".

Los observadores se detuvieron junto a edificios incendiados que pertenecen al brazo local del gobernante Partido Baath y también junto a un tribunal, una oficina de correos y otras instituciones gubernamentales, todas quemadas, de acuerdo con los testigos.

Los observadores de la ONU han reportado un fuerte incremento en la violencia y un peligroso cambio de estrategias de ambas partes en las últimas semanas.

Los coches bomba y los atentados suicidas se han vuelto cada vez más comunes en Siria al militarizarse el alzamiento popular que comenzó hace 15 meses contra el presidente Bashar Assad. La mayoría han estado dirigidos contra edificios de seguridad y autobuses de la policía, símbolos del régimen de Assad.

Hasta el momento no estaba claro si el atacante del jueves en el suburbio Sayyida Zainab de Damasco tenía como blanco el santuario chií o un cuartel de policía a sólo 15 metros (16,4 yardas) de distancia.

Los testigos dijeron que el atacante hizo explotar la camioneta tras conducirla hasta un estacionamiento a unos 50 metros (54 yardas) del santuario a pesar de los esfuerzos de los guardias para detenerlo.

La explosión hirió a 14 personas, informó la agencia noticiosa SANA. También resultaron dañados seis autobuses de turismo y más de 30 automóviles, así como un pequeño autobús de policía.

"Trabajé 10 años antes de que pudiera comprar este auto", dijo Amin Daud, un trabajador de 35 años en el lugar de la explosión. "Lo estacioné aquí anoche y ahora está totalmente destruido".

El Observatorio Sirio por los Derechos Humanos, con sede en Gran Bretaña, dijo que tres civiles murieron durante la noche en enfrentamientos en las entradas al vecindario Juret el-Shayya en la ciudad de Homs. Otra falleció en el poblado de Rastán, al norte de Homs y bajo control de los insurgentes, que lleva días bajo un intenso asedio de las fuerzas del régimen.