Hace 24 años, Aung San Suu Kyi se fue de Europa rumbo a una nación controlada por los militares que en ese momento se llamaba Birmania. El miércoles regresa como figura emblemática del movimiento democrático de Mianmar a un continente ávido por saber si las reformas recientes en su país realmente significan el fin de una cruel dictadura.

El viaje es considerado una muestra de agradecimiento a los gobiernos y organizaciones que apoyaron la lucha pacífica de Suu Kyi contra los generales de Mianmar durante más de dos décadas, incluso 15 años en arresto domiciliario.

En Ginebra, su primera escala, hablará el martes en la reunión anual de la Organización Internacional del Trabajo de las Naciones Unidas, cuya campaña contra la esclavitud y el trabajo infantil en Mianmar llamó constantemente la atención sobre la explotación del pueblo por parte de la junta.

Suu Kyi viajará después a Oslo, donde el viernes recibirá formalmente el Premio Nobel de la Paz que le otorgaron hace 21 años cuando estaba detenida por los militares después de haber llevado a la victoria a un partido prodemocrático en las elecciones de 1990 en su país.

El premio puso de manifiesto su lucha contra la dictadura de Mianmar y la puso a la par de figuras como el presidente soviético Mijail Gorbachov, el líder sudafricano Nelson Mandela y el Dalai Lama.

En Noruega funciona la Voz Democrática de Birmania, una radio de oposición que ha recibido generosa financiación del gobierno noruego y otros.

Su itinerario también incluye Francia e Irlanda, donde será agasajada por la banda musical U2 y su cantante activista Bono, en un concierto organizado por Amnistía Internacional.

Probablemente la mayor atención se concentrará en la escala que Suu Kyi hará en Gran Bretaña la semana próxima. Ella estudió y vivió allí durante años, y es en la ex potencia colonial de Mianmar donde dejó a su marido Michael Aris — fallecido en 1999 — y sus dos hijos, Alexander y Kim, cuando viajó a su país en 1988 para atender a su madre enferma.