Por más de una década, Brasil ha sido una de las grandes esperanzas del mundo en desarrollo, con un crecimiento superior al de Estados Unidos y Europa occidental, que hizo que muchos pronosticasen que pronto sería una potencia mundial.

Pero ahora que la economía global está en crisis, Brasil comenzó a tambalearse.

Los precios de productos de exportación como el mineral de hierro y la soja están bajando a raíz de las dudas en torno al crecimiento de la economía china. Los problemas que enfrenta Europa hacen que disminuya la demanda de productos manufacturados como los aviones. La divisa brasileña --el real--, por otro lado, se mantiene fuerte y hace que sus exportaciones sean menos competitivas. Los inversionistas están sacando miles de millones de dólares del país.

Brasil está sintiendo las mismas presiones que las otras naciones del BRICS --Rusia, India, China y Sudáfrica--, que con su crecimiento han alcanzado una nueva estatura mundial. Los brasileños se están pareciendo más bien a su vecina Argentina, que trata a como dé lugar de proteger su economía de una inflación galopante y de la fuga de dólares.

Las medidas para combatir la desaceleración económica hacen que el crédito resulte más barato y bajen los impuestos, pero la mayoría de los analistas creen que el gran boom ya pasó.

Proyecciones del Fondo Monetario Internacional indican que todas las economías latinoamericanas, con excepción de la paraguaya, tendrán un crecimiento superior al de Brasil este año.

"El modelo que funcionó tan bien en los últimos años se está empezando a desgarrar", declaró Neil Shearing, director de la sección de mercados emergentes de Capital Economics LTD, una consultora de Londres. "Los días en que la economía crecía un 5% o 6% anual son historia".

Los analistas creen que el país seguirá creciendo, pero a un ritmo inferior.

"Esta es una respuesta cíclica", sostuvo William R. Cline, del Instituto Peterson de Economía Internacional de Washington. "La expectativa general es que se reanudará el crecimiento y que tendrá niveles razonables en los próximos años".

La presidenta Dilma Roussef está tratando de infundir ánimo y asegura que Brasil puede sobrellevar el mal rato.

En el 2010, la economía brasileña se expandió un 7,5%, pero al año siguiente su crecimiento fue un magro 2,7%, muy inferior al de las otras naciones del BRICS, que crecieron entre un 4,3% y un 9% el año pasado.

Es poco probable que Brasil cumpla su objetivo de crecer un 4,5% este año, según analistas, que pronostican uno de un 3%. Las inversiones extranjeras se redujeron en 2.590 millones de dólares en mayo --la merma más grande desde la crisis mundial del 2008--, mientras que en el mes previo habían llegado 5.990 millones de dólares.

El éxito de Brasil antes de la actual crisis había hecho que países de la región como México y Perú imitasen sus fórmulas y adoptasen políticas más conservadoras orientadas a acumular divisas extranjeras y capear el temporal, señaló Shearing. Las reservas internacionales de Brasil subieron de los 38.000 millones de dólares del 2002 a los 240.000 millones del 2009, lo que ayudó al país a sobrellevar la crisis global del 2008. Ahora el país está mejor preparado que hace cuatro años, según Rousseff, con 370.000 millones de dólares en reservas internacionales.

Las reservas de petróleo ayudaron a algunas naciones a resistir la desaceleración ya que los precios se mantienen altos a pesar de todo. Pero la mayor parte de las grandes reservas descubiertas hace poco en Brasil todavía no están produciendo.

Brasil ha respondido a la desaceleración con medidas como la reducción de su tasa de intereses de referencia y la devaluación del real, que ayuda a los exportadores.

El ministro de finanzas Guido Mantega anunció asimismo iniciativas para fomentar el consumo doméstico: reducción de impuestos a ciertos productos hechos en Brasil, reducción de las tasas de interés y una extensión en los plazos para los pagos de préstamos. Las medidas harán que los automóviles, por ejemplo, resulten un 10% más baratos y que bajaran los impuestos sobre las operaciones financieras. Las medidas se hicieron sentir de inmediato.

Concesionarias de automóviles como la Euro Barra de Río de Janeiro registraron un incremento en las ventas de vehículos Fiat de fabricación brasileña del 40% en mayo. Se formaban largas colas de personas ansiosas por comprar barato y en condiciones ventajosas.

El entusiasmo no duró demasiado, según el gerente de Euro Barra Antonio Carlos Maciel Junior.

Luego de dos semanas, todo volvió a la normalidad. Ello se debe a que sigue siendo difícil conseguir créditos, indicó. Para conseguir tasas de interés bajas, el comprador tiene que pagar la mitad del valor del auto al contado. De no poder hacerlo, deberán pagar entre el 10% y el 12% de interés.

"El gobierno avanza en la dirección correcta, estimulando las ventas", expresó Maciel Junior. "Pero los bancos todavía no están muy seguros. Los gobiernos tomaron medidas que los bancos no siguieron. Ellos también tienen que levantar restricciones al crédito, hacer que resulte más fácil sacar préstamos".

Aprovechando sus altos índices de aprobación, Rousseff impulsa una amplia reforma al plan de pensiones públicas que sus predecesores no se animaron a tocar, según Joao Augusto Castro Neves, analista de la consultora Eurasia Group.

Mientras el mundo observa con inquietud a Brasil y al resto de América Latina, Rousseff dice que su país a dado vuelta la página y no va a volver a los días de hiperinflación y derrumbes económicos.

"Esto es una protección contra lo que pueda suceder con el sistema financiero internacional", afirmó, aludiendo a las saludables reservas que tiene Brasil. "En el pasado, cuando el mundo estornudaba, nos daba neumonía. Eso ya no sucede".