Con pancartas y gritando "¡No a la represión!" y "¡Abajo el PRI!", los indignados estudiantes que han tomado las calles en México con protestas se han vuelto el rostro más visible de la juventud con vistas a las próximas elecciones generales.

Los estudiantes desafían a los candidatos a debates, exhortan a otros de su edad a poner atención a la campaña y quieren impedir el regreso del Partido Revolucionario Institucional (PRI), que estuvo 71 años ininterrumpidos en el poder hasta que fue derrotado en 2000.

Los universitarios que se manifiestan son de los más privilegiados entre los 24 millones de jóvenes que tienen derecho de votar. En el otro extremo del espectro está la mayoría de los jóvenes mexicanos: muchachos que viven en la pobreza, que carecen de estudios universitarios y ganan menos de 10 dólares al día.

Pero a diferencia de las elecciones de hace 12 años, cuando la mayoría de los jóvenes estuvieron de acuerdo en la salida del PRI, en esta elección se ha visto una marcada división entre las filas de la clase juvenil. Los electores educados de este grupo demográfico se oponen al regreso del PRI, mientras que el resto de los electores de entre 18 y 29 años favorece al candidato Enrique Peña Nieto por encima de sus dos principales rivales.

El extendido movimiento estudiantil redujo la ventaja que tiene el joven y carismático candidato del antiguo partido gobernante, aunque no le ha causado un revés serio en las encuestas de intención del voto y aún tiene bastante ventaja a pocas semanas de la elección del 1 de julio.

Entre los electores jóvenes, Peña Nieto sigue siendo el preferido con 33% de las preferencias, ocho puntos por encima del candidato izquierdista Andrés Manuel López Obrador y 10 de la candidata del partido gobernante Josefina Vázquez Mota.

Aunque carecen de consenso sobre a quién elegir para presidente, hay mucho en juego para los jóvenes mexicanos. Sufren por las altas tasas de pobreza en el país, el desempleo y las muertes por la guerra contra el narcotráfico que comenzó hace seis años y que ha provocado unos 50.000 decesos.

"Creo que ellos ya se han creado una expectativa de que merecen algo mejor", dijo Rodrigo Aguilera, analista para México de Economist Intelligence Unit.

Los manifestantes rechazan a Peña Nieto por el pasado de su partido. Pero al igual que los jóvenes en general, están desilusionados con el gobernante Partido Acción Nacional (PAN), que lanzó la guerra contra el narcotráfico que se vuelve cada vez más brutal. Tampoco se ven atraídos por el candidato izquierdista y ex alcalde de la ciudad de México, López Obrador.

"Ya ni se sabe a quién irle", dijo Mario Luna Pérez, de 27 años y padre de dos niños que dejó la escuela después del sexto grado y vive en un barrio a las afueras de la capital mexicana. "El presidente que quede es lo mismo".

Aguilera destacó que las protestas estudiantiles han sido inusuales por lo que piden: una cobertura imparcial en los medios de comunicación, en particular de parte de Televisa, la televisora más poderosa del país. El conglomerado de noticias está manipulando la cobertura de información a favor de Peña Nieto, aseguran los estudiantes.

"Estamos en un gran momento en que podemos exigir que se nos escuche más", opinó Melissa Rolland, de 22 años, una estudiante de una universidad privada que hace poco asistió a una marcha con un cartel que decía: "La apatía es el peor enemigo de la sociedad".

Los jóvenes representan el más grande grupo de edad de electores y también conforman el mayor segmento de desempleados.

El país ha incrementado el número de escuelas y lentamente está haciendo posible que los niños lleguen a la universidad. Pero no ha podido ofrecer empleos para el grupo que será la influencia de la nación en las próximas décadas.

Las autoridades han advertido varias veces que los cárteles de las drogas se alimentan de los casi 8,6 millones de jóvenes que no estudian ni trabajan, a los que se describe con frecuencia como "ninis".

Los que estudian batallan para encontrar empleos bien pagados y muchas veces ni eso encuentran.

Jéssica Mejía, de 23 años y habitante de la ciudad de Tulancingo, estudió leyes cinco años en una universidad local y ha trabajado en dos empresas pequeñas por unos 430 dólares mensuales. Su mejor empleo hasta ahora ha sido en una oficina del gobierno que defiende los derechos de la mujer. Ganaba unos 850 dólares al mes, pero el contrato era sólo por seis meses y tenía que viajar todos los días a zonas rurales en el estado de Hidalgo para hablar con víctimas de violencia doméstica, pagar por su propia gasolina, alimentos y algunas veces alojamiento. Lleva ocho meses buscando empleo.

"Es una frustración muy fuerte. Me he topado con muchos obstáculos; que si eres muy pequeña o si eres mujer", relata Mejía. "Las empresas tienen miedo de emplear a jóvenes. Me han dicho que no pueden ofrecerme el trabajo porque es muy poquito (lo que pagan) y cuando encuentres algo mejor, me vas a dejar".

Hace un mes, la gente pensaba que la visita de Peña Nieto a la prestigiosa Universidad Iberoamericana, ubicada en el acaudalado distrito de Santa Fe, iba a ser una más de las presentaciones perfectamente coreografiadas del candidato, quien entonces tenía 20 puntos de ventaja en los sondeos electorales. Sin embargo, las consignas de "¡Fuera!" resonaron en la explanada estudiantil.

El torpe intento de su partido para minimizar la protesta encolerizó a los estudiantes. Peña Nieto dijo que la manifestación no era genuina y el presidente del PRI, Pedro Joaquín Coldwell, insinuó que los manifestantes ni siquiera eran estudiantes. Esa noche, Televisa transmitió un segmento que no incluyó el punto de vista de los estudiantes. A la mañana siguiente, un periódico de circulación nacional y sus publicaciones hermanas publicaron la noticia en sus portadas asegurando que la visita de Peña Nieto había sido "un éxito pese al boicot".

Por medio de Twitter, YouTube y Facebook, los estudiantes lanzaron una campaña en redes sociales para demostrar que eran estudiantes que pensaban que el regreso del viejo partido amenazaba los ideales de una generación que creció con la esperanza del cambio democrático. Los manifestantes subieron a internet un video donde 131 personas mostraban sus credenciales de estudiante mientras leían un comunicado donde recriminaban a los políticos y la cobertura en la prensa que siguió.

Pronto, activistas en universidades de todo el país se unieron simbólicamente al movimiento ondeando carteles donde proclamaban "Yo soy 132". Decenas de miles se reunieron para las marchas y mítines en las calles de la ciudad de México, Guadalajara y Monterrey.

El 10 de junio se realizó la marcha más grande que el movimiento ha realizado en la capital del país, cuando unas 90.000 personas, incluyendo algunos artistas famosos, protestaron horas antes de que se realizara el segundo debate presidencial. Lo siguiente en su agenda es un debate con los candidatos cara a cara la siguiente semana, una invitación que el priista ya rechazó.

En el pueblo de Chicoloapan, en el Estado de México — donde Peña Nieto fue gobernador hasta el año pasado — una estrecha calle da la bienvenida a los conductores con una estatua de cerámica de San Judas, el santo de las causas perdidas.

Para Alejandro Velázquez Ruiz, de 26 años, la publicidad negativa que rodea al candidato puntero da en el blanco. Velázquez está desempleado, no tiene estudios universitarios y juega fútbol aficionado para obtener dinero.

"Todos se inclinaban por Peña Nieto, pero ve todo lo que le tiran", dijo Velázquez, quien ayuda a su padre, un mecánico, después de renunciar a su trabajo donde ganaba unos 500 dólares al mes para una hipotecaria en la ciudad de México. "Personalmente empezamos a dudar. Ahora voy por Andrés Manuel López Obrador".

Pero en Texcoco, otro poblado a las orillas de la metrópoli, Gamaliel Pacheco, de 19 años, apoyará al favorito.

Después de todo, Pacheco tenía sólo siete años cuando el PRI perdió el poder después de décadas de gobiernos marcados por elecciones fraudulentas, corrupción y clientelismo. El no recuerda eso.

"Yo digo que estuvo en el poder por algo", dijo Pacheco. "El tiempo que estuvo el PAN hubo mucha muerte. En el tiempo que estuvo el PRI no se vio eso".

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Adriana Gómez Licón está en Twitter como http://twitter.com/agomezlicon