Por meses, el cardenal Jaime Ortega ha sido blanco de críticas: lo llamaron lacayo, le imputan que está demasiado cerca del gobierno comunista de la isla, se le pidió la renuncia por el trato que dio a unos manifestantes y fue ridiculizado en Miami, donde se lo tildó de elitista.

Ahora, la Iglesia Católica Romana decidió responder a los detractores del religioso.

Funcionarios eclesiásticos defienden enérgicamente a su líder y publicaciones católicas denuncian a quienes lo critican. Analistas dicen que estas acusaciones mutuas tan virulentas son muy inusuales en una isla donde la iglesia prefirió siempre tratar de ejercer influencia sin llamar la atención, entre bambalinas.

Curiosamente, el revuelo se produce poco después de que el cardenal organizase la exitosa visita del papa Benedicto XVI y cuando se acerca el final de su mandato. Como es de rigor, Ortega le entregó al Pontífice su renuncia al cumplir los 75 años el año pasado, pero el Santo Padre no la aceptó todavía.

"Que haya ataques no me sorprende porque los hay constantemente", dijo a la AP Carlos Saladrigas, un empresario cubanoamericano en un tiempo un duro militante anticastrista y quien se convirtió en una suerte de voz de la reconciliación entre Miami y La Habana. Los que sí llama la atención es "la voracidad, la fuerza de esos ataques".

Los problemas de Ortega comenzaron poco antes de la visita de Benedicto del 26 al 28 de marzo, pues muchos pensaron que el cardenal hizo demasiadas concesiones para garantizar el éxito. Le imputan que se abstuvo de criticar al gobierno en los meses previos a la visita e hizo la vista gorda cuando se arrestaba a disidentes.

Días antes de la llegada del Papa, Ortega le pidió a la policía que desalojase a los ocupantes de una iglesia de La Habana que pedían una audiencia papal y cambios políticos en la isla.

En una disertación en la Universidad de Harvard en abril, Ortega justificó el desalojo diciendo que los manifestantes eran "antiguos delincuentes" sin "nivel cultural". También insistió en que había actuado correctamente al ayudar a negociar la liberación de presos políticos en el 2009 y el 2010.

La mayoría de los presos liberados se exiliaron en España y algunos de ellos criticaron al religioso, diciendo que no hizo lo suficiente para defender su derecho a permanecer en su patria. Ortega dijo en su presentación ante el Centro Rockefeller de Estudios sobre América Latina de Harvard que los propios familiares de los reos habían pedido que fuesen enviados a España, algo que los familiares niegan.

Las reacciones a las palabras de Ortega no se hicieron esperar y fueron las más duras que el religioso ha enfrentado a lo largo de su carrera.

"Ortega sólo pone en evidencia y responde a su contubernio político con el gobierno", escribió el alto directivo de Radio y TV Martí, Carlos García-Pérez en una editorial en abril. "Esa es una actitud lacaya", agregó.

Blogs de exiliados del sur de la Florida comenzaron a pedir la renuncia de Ortega. El diario El Nuevo Herald publicó una caricatura que mostraba al cardenal y al presidente Raúl Castro, en ropa militar, entonando una canción de amor juntos. Otra mostró un cura snob que le dice a un feligrés que Ortega exige pruebas de su valor cultural para permitirle asistir a misa.

En respuesta, publicaciones católicas difundieron una serie de artículos y editoriales que pintan a Ortega como un defensor de los disidentes y una de las pocas personas en la isla que tiene el valor de decirle lo que piensa a Castro en la cara.

Sus partidarios afirman que Ortega le pidió personalmente a Castro que diese más cabida a la empresa privada y permitió que medios católicos publicasen ensayos sobre la necesidad de una reforma que jamás tendrían espacio en la prensa oficial.

En una carta enviada por correo electrónico a periodistas extranjeros el lunes, un consejo de agrupaciones de la comunidad católica de La Habana describe a Ortega como un patriota cuyo amor por Cuba y por la iglesia lo impulsan a promover un diálogo.

Los obispos cubanos, por su parte, emitieron un comunicado en el que dicen que las críticas a Ortega son parte de un plan que busca acabar con su reputación y hacerle daño a la iglesia. La defensa más encendida del cardenal la hizo Orlando Márquez, portavoz de la iglesia que publicó el mes pasado una fuerte denuncia de sus detractores.

"Quienes repudian el diálogo continuarán abriendo fuego, porque esa es la misión: bombardear todo intento de entendimiento que incluya verdaderamente a todos", escribió Márquez en un artículo de la revista católica Palabra Nueva, que él dirige.

Muchos aliados de Ortega expresan los mismos sentimientos, aunque tal vez no en un tono tan enérgico, incluidos Saldriagas y el arzobispo de Miami Thomas Wenski, quien exhorta a los exiliados cubanos a que dialoguen más con los gobernantes de su país.

"Plantear que es un lacayo del régimen es absurdo", declaró Wenski a la Associated Presss. "Algunos de los peores críticos del cardenal aquí hablan de una situación que es fácil pregonar desde aquí. Creen que se puede derrocar el gobierno cubano de la noche a la mañana".

Los problemas del cardenal no llegan exclusivamente de Miami. Varios disidentes prominentes lo han criticado en semanas recientes. Guillermo Farinas, quien hizo una huelga de hambre y recibió el premio Sajarov en el 2010, afirmó que era un vendido. Martha Beatriz Roque, ex presa política, lo acusó de bajar la cabeza ante el gobierno.

Ortega se reunió el 7 de junio por más de tres horas con la agrupación opositora más conocida de la isla, las Damas de Blanco, en un esfuerzo por despejar el aire. La líder de las Damas Bertha Soler dijo que estaba satisfecha con el encuentro y que el cardenal había sido "muy receptivo".

Pero también afirmó que seguirá presionando al cardenal para que defienda a las Damas. "Nuestro objetivo aquí es que el cardenal conozca que somos mujeres arrojadas a los calabozos"

Enrique López Oliva, profesor de historia religiosa de la Universidad de La Habana, opinó que la actitud defensiva de la iglesia es un síntoma de la compleja situación en que se encuentra en un país sin partidos de oposición convencionales ni instituciones independientes.

"El cardenal ha insistido en que (la Iglesia) no es un partido político pero en Cuba no hay partidos políticos alternativos, entonces ese rol, quiera o no quiera, lo está desempeñando", aseguró a la AP López Oliva.

"Para mí es una defensa política del papel de la institución porque la iglesia se está preparando para desempeñar un rol, en la medida de sus posibilidades, para una era poscastro, pero tiene que tener micho cuidado con sus pasos", agregó el experto.

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En este despacho colaboraron las reporteras de AP Andrea Rodríguez (desde La Habana) y Laura Wides-Muñoz (Miami).

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