El costo de la deuda soberana española batió el martes su récord histórico de la era euro por el temor de los inversionistas a que el rescate de 125.000 millones de dólares para la banca ibérica no sea suficiente y las dudas generalizadas sobre la continuidad de Grecia en el euro.

El interés de los bonos soberanos a 10 años escaló el martes a 6,81%, pero se relajó a 6,67% al cierre de la sesión, todavía cerca de la línea roja de 7% que obligó a Grecia, Irlanda y Portugal a solicitar ayuda económica internacional.

La banca española no es el único frente abierto en la Unión Europea, cuyo proyecto político y económico parece más que nunca en entredicho.

Bruselas admitió que estudia planes de contingencia para una eventual salida de Grecia del euro. Planes que incluirían un corralito financiero y límites al movimiento de personas entre fronteras, según dijo el portavoz comunitario Olivier Bailly.

Las elecciones griegas del próximo domingo son una cita crucial para el euro. El partido izquierdista Syriza, que parte como favorito en los comicios, se opone a los planes de rescate europeos para el país heleno y las políticas de austeridad.

La incertidumbre se dejó sentir en toda la eurozona y especialmente en Italia, otro de los países en riesgo por el delicado estado de sus finanzas. El rendimiento de los bonos italianos, que llegó a subir a 6,14%, terminó la jornada en 6,02%.

En España, los bancos siguieron acaparando el debate. La agencia Fitch rebajó la calificación crediticia de 18 entidades tras haber rebajado la nota de la deuda soberana tres escalones la semana pasada.

Además, los mercados parecen no digerir bien la línea de crédito de hasta 100.000 millones de euros (125.000 millones de dólares) abierta por la Unión Europea para sanear parte de la banca española, ahogada en un mar de activos tóxicos y créditos en riesgo de impago por el colapso inmobiliario.

La cantidad concreta de dicho préstamo se conocerá en los próximos días, cuando concluyan las dos evaluaciones independientes de la cartera bancaria encargadas por el gobierno.

Los inversionistas están cada vez más preocupados ante la posibilidad de que esa ayuda no sea suficiente para España, que sigue en recesión y soporta un desempleo de casi el 25%.

Al mismo tiempo, y como todavía no está claro de dónde procederá el dinero europeo para España, hay dudas de que los tenedores de bonos puedan figurar en los últimos lugares para el cobro de la deuda.

Si el dinero se inyecta a través de Fondo Europeo de Estabilidad Financiera, se devolución tendrá la misma prioridad que todos los restantes tenedores privados de deuda.

Pero si el préstamo proviene de un nuevo fondo que empieza a funcionar en julio, el Mecanismo Europeo de Estabilización Financiera, el pago a los últimos tenedores de bonos tendrá prioridad sobre el resto de acreedores, cuyos bonos podrían tener menos posibilidades de ser cobrados si el escenario económico empeora.

Esta situación podría llevar a los inversionistas internacionales a tener cada vez menos incentivos para comprar deuda soberana española o, como está ocurriendo en la actualidad, exigir mayores intereses para compensar el aumento del riesgo de las pérdidas.

"Los líderes de la Unión Europea siguen ofreciendo la misma impresión de ciegos reunidos en la sombra en busca de una solución a los problemas de la deuda que afectan a Europa", dijo el analista de mercadeo Michael Hewson, de la firma CMC Markets.

Agregó que "sigue siendo indeciso de dónde procederán los fondos".

Toda esta desconfianza está provocando la huida de capital extranjero del país ibérico. El 37% del total de la deuda soberana española estaba en manos de entidades foráneas a finales de mayo, en comparación con el 50% en el mismo mes del año anterior, según dijo el Banco de España. Ello supone una salida de 60.000 millones de euros (74.860 millones de dólares) en capital en tan solo unos meses.