El banco JP Morgan, el principal por activos de EE.UU., estaba alertado desde 2010 de las arriesgadas prácticas que algunos de sus ejecutivos realizaban con derivados financieros y que le hicieron perder 2.000 millones de dólares, informa hoy el diario financiero Wall Street Journal.

Las discusiones -agrega el diario- sobre lo que sucedía con algunos de sus operadores en Londres comenzaron en 2010, cuando a algunos directores se les informó de que "al operador responsable no se le permitiría exagerar en el futuro".

El diario señala que entrevistó a más de una docena de ejecutivos actuales y pasados de la Chief Investment Office (CIO), la unidad de JPMorgan en Londres que se dedica a minimizar los riesgos del mercado y a invertir los excesos de fondos del banco.

Agrega que en 2011 algunos ejecutivos de la CIO diseñaron un plan para reanudar de forma separada una serie de negocios, pero que luego supieron que esos planes "no se habían seguido correctamente".

"Las preocupaciones que había en 2010 muestran que JP Morgan tuvo la oportunidad de evitar esos negocios fallidos, que con el tiempo le hubieran costado al banco más de 5.000 millones de dólares", subraya el rotativo neoyorquino.

Recuerda que los "intentos de JPMorgan para meter en vereda a la oficina de Londres" culminaron en mayo pasado con el anuncio de esas millonarias pérdidas.

Lo ocurrido con esa unidad del banco neoyorquino en Londres "ha empañado la imagen de su presidente y consejero delegado, Jamie Dimon", que ya reconoció en mayo haber cometido "un error mayúsculo" cuando desestimó las preocupaciones al respecto suscitadas en abril durante una conferencia con analistas.

"También suscita cuestiones sobre el nivel de los descuidos de JPMorgan, considerado como uno de los bancos de Estados Unidos mejor gestionados", agrega el diario.

Está previsto que Dimon comparezca mañana ante el Comité Bancario del Senado, donde deberá detallar lo sucedido.

Además de esa investigación parlamentaria, la Oficina Federal de Investigación (FBI, por su sigla en inglés) de Estados Unidos ha iniciado otras pesquisas preliminares sobre las causas de esa pérdida millonaria en inversiones de derivados de alto riesgo.

La oficina de Nueva York del FBI se encarga de esa investigación sobre unas operaciones que llevaron a la renuncia de Ina Drew, la ejecutiva que supervisaba esas transacciones y que han expuesto la necesidad de un mayor control en instituciones financieras con gran importancia en el sistema.

Este mismo diario reveló el pasado abril, citando fuentes en los mercados de derivados, que uno de los principales empleados del banco en Londres estaba realizando enormes transacciones distorsionando los precios en el mercado y que ello podría causar problemas a la entidad.

El rotativo detallaba entonces que, al parecer, el banco había apostado por una recuperación económica sostenida con una compleja red de transacciones ligadas al valor de bonos corporativos, pero éstas se volvieron en su contra como un "boomerang".

El diario revela ahora que cuando Dimon preguntó en abril a la responsable del CIO, Ina Drew, sobre lo que estaba pasando, "ella no fue a Londres", según sus fuentes, que señalan que la ejecutiva contactó con el responsable internacional de esa unidad en la capital británica, Achilles Macris, quien le dijo que "todo estaba controlado".