Nuevas casas fueron incendiadas hoy en el estado de Rakhine, en el oeste de Birmania (Myanmar), en otra jornada de violencia entre las comunidades budista y musulmana, pese a la declaración del toque de queda y la presencia de soldados en las calles.

La prensa estatal informa de siete muertos, 17 heridos y cientos de viviendas quemadas desde la semana pasada, aunque las víctimas mortales pueden acercarse a la treintena de acuerdo con otros medios.

Naciones Unidas mantuvo hoy la operación de evacuación temporal y voluntaria de su personal nacional e internacional en Rakhine (antigua Arakan), indicó a Efe por teléfono el birmano Aye Win, de la oficina del coordinador de la ayuda humanitaria de la ONU en Birmania.

Aye Win señaló que todo el personal se encuentra bien, pero no tenía cifras de cuántos permanecen en Rakhine y cuántos habían abandonado ese estado de 3,2 millones de personas.

En Sittwe, la capital del estado, la violencia dejaba su huella el martes a través del humo de las casas incendiadas en varios barrios donde el Ejército trata de hacerse con el control de la situación.

Los centros de educación, bancos, tiendas y mercados mantuvieron sus puertas cerradas por segundo día, salvo algunos comercios pequeños que aventuraron a vender comestibles.

"La violencia en el estado de Arakan crece sin control bajo la vigilancia del Gobierno", denunció en un comunicado de prensa la subdirectora para Asia de Human Rights Watch, Elaine Pearson, al reclamar a las autoridades que se permita el acceso de diplomáticos, periodistas y cooperantes.

"Dado el historial de abusos del Ejército en el estado de Arakan, poner a los militares a cargo de hacer cumplir la ley puede agravar la situación. El Gobierno necesita proteger a las comunidades amenazadas pero, sin la presencia internacional, existe el peligro real de que no lo haga", añadió Pearson.

El 89 por ciento de los cerca de 60 millones de personas que habitan Birmania son budistas y un 4 por ciento profesa el islam y reside, mayoritariamente, en Rakhine.

La actual ola de violencia arrancó el 28 de mayo pasado con el hallazgo del cadáver de una mujer budista que, supuestamente, fue violada y asesinada por un grupo de musulmanes.

El domingo 3 de junio, un gentío de budistas detuvo un autocar en el que decían viajaban los culpables y mataron a diez musulmanes.

Desde entonces, grupos islámicos unas veces y otras budistas han causado incendios y destrucción en al menos 14 poblaciones, a pesar del reforzamiento de la seguridad, el toque de queda declarado el domingo y los llamamientos de las autoridades políticas y religiosas para restablecer la paz.

La población que puede se marcha a zonas seguras o se aventura en la vecina Bangladesh, país que ha obligado a volver o a Birmania varias embarcaciones con refugiados rohingyas, una etnia musulmana de origen bangladesí.

Birmania, después de casi medio siglo de dictadura militar, vive una etapa de reformas de tinte democrático desde que la última junta se disolvió y traspasó el poder a un gobierno civil afín, en 2011.