Los vecinos balcánicos de Serbia boicotearon el lunes la ceremonia de toma de posesión del presidente Tomislav Nikolic, ya que, dijeron, las declaraciones del nuevo líder nacionalista serbio reavivaron tensiones de la época de la guerra y suscitaron dudas sobre sus proclamados objetivos a favor de la Unión Europea.

Aunque fueron invitados, los líderes de Croacia, Bosnia, Eslovenia y Macedonia — Estados balcánicos que se vieron involucrados en un sangriento rompimiento de la entonces Yugoslavia en la década de 1990 — eludieron la ceremonia realizada en la sede presidencial en el centro de Belgrado después de que Nikolic negó que la masacre de Srebrenica, durante el cual fuerzas serbio bosnias mataron a cerca de 8.000 hombres y niños musulmanes en 1995, fuera un genocidio.

La peor matanza de civiles en Europa desde la Segunda Guerra Mundial fue calificada como genocidio por la Corte Penal Internacional y por una corte de crímenes de guerra establecida por la ONU para juzgar lo ocurrido en Yugoslavia, la cual condenó a varios serbio bosnios por su participación en la masacre.

Los vecinos ex yugoslavos también están enojados por las aseveraciones de Nikolic de que Vukovar, un poblado croata destruido por fuerzas serbias durante la guerra de independencia de Croacia en la década de 1990, es de hecho una ciudad serbia.

Las declaraciones recientes de Nikolic han alimentado temores de que su sorpresiva victoria el 20 de mayo en la segunda vuelta de la elección presidencial sobre el líder del Partido Demócrata, Boris Tadic, quien está a favor de unirse a la UE, pudiera amenazar la reconciliación posterior a la guerra en los Balcanes, condición crucial para que Serbia se integre al bloque europeo.

___

Dusan Stojanovic, corresponsal de la AP, contribuyó en Belgrado.