Parecía la trama de una película de animación de un gran estudio de cine en Hollywood: nueve elefantes africanos bebés quedaron huérfanos luego de que sus padres fueron cazados, pero milagrosamente fueron rescatados y tendrían una nueva vida en un parque de vida silvestre en México.

En el altiplano del centro de México, los paquidermos pequeños, del tamaño de un auto, podrían deambular libres en su nuevo hogar.

Sin embargo, el gobierno de Namibia, lugar de donde llegaron los elefantes, dice que no ocurrió de tal manera.

Los nueve elefantes causaron revuelo en los medios de comunicación la semana pasada cuando bajaron de un avión de carga en su camino a una reserva en Puebla como resultado de una transacción comercial. A pesar de reportes que dicen lo contrario, las criaturas nunca han sido en verdad libres. Tampoco son bebés, sino jóvenes de entre 4 y 10 años de edad, dijo Boas Erkki, subdirector del Ministerio de Medio Ambiente y Turismo de Namibia.

Los elefantes fueron vendidos por el dueño original, una granja de la reserva privada del Servicio de Caza de Namibia y sus madres no fueron cazadas, dijo el lunes Erkki a The Associated Press. El Servicio de Juego de Namibia vendió los animales debido a que no tenían espacio suficiente para quedárselos, dijo.

Pero incluso sin la parte de la caza, los elefantes tienen una muy buena historia. Pasaron 24 horas en chiqueros estrechos mientras volaban sobre el Atlántico en un avión rentado. Hicieron paradas en Brasil y Chile. Luego un viaje de dos horas en camión hasta la ciudad de Puebla antes de llegar a su nuevo hogar, el Africam Safari, una reserva de vida silvestre de más de 350 hectáreas (900 acres), cuyo nombre es la mezcla de la palabra Africa y el apellido del dueño del parque: Frank Carlos Camacho.

La llegada de los elefantes fue obra de Camacho, cuya reserva está al sur de Ciudad de México.

La adquisición empezó cuando Debbie Olson, directora de la Fundación Internacional del Elefante, con sede en las afueras de Fort Worth, Texas, supo de nueve elefantes jóvenes en Namibia que necesitaban un nuevo hogar. Ella esparció la noticia con la junta directiva, la cual incluye a Camacho.

Camacho había planeado desde siempre agregar una pareja de elefantes a su reserva silvestre, en la que avestruces, lémures, jirafas, cebras y simios deambulan en espaciosas áreas de contención para el disfrute de los visitantes.

Lo que parecía ser el sueño de un mercadólogo en realidad pronto se agrió, cuando el gobierno de Namibia se quejó de que los reportes noticiosos eran incorrectos cuando decían que los elefantes se habían quedado huérfanos y Camacho los estaba rescatando.

Camacho niega haberle dicho a los periodistas que los padres de los elefantes habían muerto por la caza. Pero sí utilizó la palabra "rescatar", y eso ha generado controversia.

"De ninguna manera esta exportación puede ser considerada como una misión de 'rescate' ni que estos elefantes fueran huérfanos", dijo el gobierno de Namibia mediante un comunicado de prensa. "Estos jóvenes elefantes estaban en buenas condiciones cuando abandonaron Namibia y no corrían riesgo de ser aniquilados por el Ministerio".

Camacho dijo que supo de que la reserva privada ofrecía a los animales debido a que era demasiado pequeña para mantenerlos. En mayo, Camacho voló a Namibia para revisar su pequeña manada y descubrió que ya se habían convertido en una familia.

El elefante mayor, de unos 10 años, es del tamaño de una camioneta y ha sido apodado "Big Boy" (Niño grande) — claramente el líder del grupo. El más joven, "Chico", tiene 4 años. La manada incluye a otro macho y seis hembras.

El siguiente paso para llevarlos a México resultó no ser tan difícil. Exitosamente, Camacho pudo sortear dos complicadas burocracias. Rentó un avión lo suficientemente grande para su preciosa carga.

Meterlos en el avión, fue otro asunto.

"Hubiera sido mucho más difícil si hubieran sido adultos", dijo Cecilia Geiger, vocera de Africam Safari. Los elefantes obedientemente abordaron por sí solos, con Big Boy a la cabeza liderando a los más pequeños hasta una rampa donde fueron enchiquerados.

Camacho los acompañó y escuchó la conversación paquidérmica mientras cruzaban el Atlántico.

"Todos pudimos sentir que tenían una conexión especial", dijo.

Los elefantes parecían contentos el viernes, jugando con el lodo, arrojándose arena. Tarde o temprano los colmillos de estas criaturas crecerán hasta los dos metros y medio de longitud, y en general, los paquidermos duplicarán su tamaño actual.

Aunque el gobierno de Namibia dice que los elefantes no eran huérfanos y no crecieron en un entorno salvaje, su origen sigue siendo un misterio. No se sabe dónde están sus padres o si siquiera están emparentados.

Sólo hay una manera de saberlo, dijo Camacho y apuntó a los elefantes.

"Tendrás que preguntarles", dijo.

___

Los periodistas de The Associated Press Armando Montaño y Emoke Bebiak reportaron de Puebla y Johannesburgo, Sudáfrica, respectivamente.