El príncipe Eduardo de Inglaterra, hijo pequeño de Isabel II, y su esposa, Sophie Rhys-Jones, inician hoy una visita de tres días a Gibraltar con motivo de los actos del 60 aniversario de la coronación de su madre, un viaje que el Gobierno español considera "profundamente" desafortunado.

Será la segunda visita del príncipe Eduardo a la colonia británica, un viaje que se produce después de que un conflicto pesquero en las aguas próximas al peñón haya vuelto a poner sobre la mesa las históricas tensiones en las relaciones entre España y Reino Unido por Gibraltar.

Estas tensiones hicieron que el pasado 18 de mayo la reina Sofía de España suspendiera su asistencia al almuerzo ofrecido por Isabel II en el castillo de Windsor a representantes de casi todas las casas reales del mundo para celebrar su "Jubileo de Diamantes".

Para el Gobierno gibraltareño, las quejas del Ejecutivo español sobre el viaje del príncipe Eduardo son "completamente irrelevantes", dijo recientemente a Efe su ministro principal, Fabián Picardo.

Picardo aseguró que la población de Gibraltar espera "con los brazos abiertos" la visita de un miembro de la familia real británica.

El príncipe Eduardo y su esposa llegarán hoy al aeropuerto de Gibraltar y, tras un recibimiento del Gobierno y la guardia de honor, pasearán por la calle y la plaza principal de la colonia.

Para que la bienvenida de los gibraltareños sea más calurosa, el Gobierno ha dado unas horas libres a todos los trabajadores públicos que no sean esenciales, para que puedan salir a las calles a su encuentro.

El miércoles, tras encontrarse con los líderes religiosos locales, se dirigirán al aeropuerto de Gibraltar donde antes de su despedida tienen previsto inaugurar oficialmente la nueva terminal, situada en la zona de la colonia que España considera ocupada ilegalmente por el Reino Unido.

La nueva terminal, que aún no tiene nombre, entró en funcionamiento el pasado 26 de noviembre y está construida, al igual que la pista, en el terreno que une el Peñón con la Línea de la Concepción (Cádiz, sur de España).

Se trata de un istmo de algo más de un kilómetro cuadrado de superficie que Londres se apropió en el siglo XIX, aprovechando que España permitió la construcción de campamentos para asistir a la población afectada por una epidemia de fiebre amarilla.