Scott Heimdal se ha pasado décadas buscando tesoros hundidos en el mar. En eso estaba hace 22 años cuando fue secuestrado en la selva ecuatoriana y liberado tras el pago de un rescate de 60.000 dólares que la gente de su ciudad recaudó en billetes y monedas.

Hace 10 años formó una compañía que encontró y luego perdió una fortuna porque un gobierno sudamericano anuló un contrato. Cuando comenzaron a escasear las inversiones, las esperanzas que había despertado Heimdal entre sus socios e inversionistas se fueron diluyendo.

Sin embargo, 36 kilos (80 libras) de esmeraldas depositadas en un lugar seguro de Estados Unidos están reviviendo las ilusiones.

Un juez federal de la Florida decidirá a partir del 18 de junio a quién pertenecen las gemas. Sin entrar en detalles, la gente de Heimdal dice que tiene un caso sólido. Si se le da la razón, podrían llevarse unos 30 millones de dólares.

Las marchas y contramarchas que soportaron Heimdal, de 49 años, y sus socios "son ya una leyenda en Peoria", comentó Terry Towery, portavoz de la firma de Heimdal, Oceanic Research and Recovery Inc. (ORRV). Heimdal dijo que más de una vez le recomendaron "que llamase a los inversionistas y les dijese que todo se acabó".

Ahora, según Towery, "se habla del premio, si el juez falla como la mayoría piensa que lo hará".

Las esmeraldas, descubiertas hace dos años, fueron el tema de un reportaje del programa "60 minutos" de CBS en abril. El papel que desempeñó la empresa de Heimdal salió a la luz luego de la transmisión.

Si bien Heimdal no encontró las gemas, en los últimos ocho años se hizo fama de individuo confiable, con experiencia, que sabe manejarse en el mundo tenebroso de los buscadores de tesoros de galeones españoles que se hundieron hace cuatro siglos. Es un campo en el que "hay piratas tanto en tierra como en el mar", según él.

Esa experiencia fue algo que Jay Miscovich — un buscatesoros aficionado con equipo básico de buceo, una lancha, un mapa que compró barato y un detector de metales — decidió que necesitaba.

Miscovich no sabía qué hacer después de que un día de enero de 2010 se zambulló ante un alerta débil del detector frente a los Cayos de la Florida — resultó que la alerta fue generada por una lata de cerveza — y encontró en el lecho marino esmeraldas por valor de 600 millones de dólares.

"Necesitaba ayuda y buscó gente de confianza", dijo Heimdal.

Ahora Heimdal y ORRV esperan que el juez de distrito James Lawrence King decida si las joyas, o parte de ellas, fueron arrastradas por la marea unos 64 kilómetros (40 millas), desde el lugar donde se hundió el Atocha hasta el sitio donde las encontró Miscovich, o fueron robadas.

Los descubridores del Atocha quieren quedarse con las joyas y el juez King tiene que decidir si la evidencia justifica sus planteos. Si el juez considera que no están justificados, entonces no habrá impedimentos para que Miscovich y sus socios comiencen a buscar compradores para joyas que según expertos fueron extraídas en el siglo XVI de minas colombianas.

ORRV se llevaría el 5% de lo que generen las ventas.

Esa suma compensaría una inversión que Heimdal calcula en unos 25.000 dólares en "gastos, viajes y asesoría" ofrecida a Miscovich, quien ya había invertido en la primera empresa de Heimdal, RSOPS Inc., en 2004. El grupo de Heimdal seguirá beneficiándose de "cualquier cosa" que genere el hallazgo de Miscovich, dijo Towery.

Por ahora, no obstante, 30 millones son una buena recompensa para una vida dedicada a un sueño que el propio Heimdal admite llegó a ser una obsesión y para la ayuda recibida por varias decenas de los inversionistas originales en RSOPS.

Muchos residentes de la zona recuerdan a Heimdal como el joven aventurero secuestrado por guerrillas colombianas en 1990 cuando buscaba oro en una mina. Individuos armados mataron al chico que lo guiaba en una canoa del lado ecuatoriano de la frontera y lo tuvieron secuestrado 60 días.

Escolares de Peoria recaudaron monedas para ayudar a sus padres a reunir el dinero del rescate. Heimdal donó los 40.000 dólares que quedaron luego del pago del rescate a la Fundación para la Comunidad del Area de Peoria. Cuando fundó RSOPS, dijo que planeaba donar a la comunidad que lo había rescatado más dinero de la fortuna que esperaba obtener con sus aventuras.

Sus iniciativas desde entonces revelan una firme determinación, pero no generaron demasiadas ganancias. Heimdal no se entregó ni siquiera cuando, en 2009, un nuevo gobierno ecuatoriano confiscó cargamentos de monedas de plata que sus buzos habían rescatado de un barco hundido frente a las costas del país y desconoció el contrato que habían firmado, repartiéndose las ganancias.

La historia de RSOPS está llena de búsquedas "postergadas o que dejaron de ser viables" en Panamá, las Filipinas y Ecuador, expresó. La empresa tuvo que vender la mayor parte de sus acciones en un barco de 90 pies, el RV Beacon, para mantenerse a flote.

Incluso sin nuevas ganancias, ORRV puede iniciar nuevas búsquedas de tesoros, aseguró. La firma está negociando con dos países — uno europeo y uno sudamericano — en torno a proyectos que podrían generar botines tan grandes como las esmeraldas de Miscovich.

Heimdal se ha pasado un tercio de la última década en suelo extranjero buscando tesoros, estudiando sitios donde podría haber barcos hundidos, tratando de conseguir inversionistas y negociando con los países. El y su esposa tienen que pagar cuentas como cualquier familia y el mes pasado volvió a trabajar como técnico de computadoras por primera vez en siete años.

"Ha sido una tremenda aventura", comentó. "Las historias que podría contarles... Mi Dios".

El y sus socios sabrán pronto si la más reciente tiene un final feliz.