Ligado a las fiestas populares que se celebraban en las haciendas del nordeste brasileño, el forró, un género musical bailable, se convierte todos los meses de junio en el protagonista de las verbenas que marcan la llegada del solsticio de invierno en Brasil.

El forró, cuyas letras hablan de amores y desamores, traiciones o nostalgia de la tierra, es una música alegre que las parejas suelen bailar pegando el torso y con las piernas entrelazadas, con movimientos sensuales y pasos que guardan una semejanza con los de la salsa.

"El forró no es un estilo musical, es una fiesta", dijo a Efe Rodolphe Trinidade, propietario del Pirata Bar, una casa de fiestas ubicada en la ciudad nororiental de Fortaleza, uno de los centros neurálgicos de esta variedad de música y danza.

En su bar, que tiene la peculiaridad de abrir al público general sólo los lunes, Trinidade apuesta por una selección de actuaciones y bandas que aborden los diferentes estilos que componen el amplio abanico de la música popular brasileña.

Para Trinidade, Fortaleza, la luminosa capital del estado de Ceará, carece de un sólido patrimonio histórico preservado, por lo que uno de sus máximos atractivos reside en el ocio y el entretenimiento.

"Fortaleza no preservó su historia, tiene poquísimos monumentos y museos, lo que tenía fue destruido", dijo el empresario, quien añadió: "es un espacio de sol, mar y entretenimiento y uno de esos entretenimientos es el forró".

Aunque se desconoce el origen del nombre, una de las versiones más extendidas es que el forró es una suerte de adaptación local de la expresión en inglés "For all" (para todos), en alusión a las fiestas que tenían lugar en el mes de junio en haciendas de algunos terratenientes británicos y que se abrían a la comunidad.

Otra indica que el nombre surgió en las fiestas "For all" que daban los militares de Estados Unidos en una base que tenían en la ciudad de Natal (Río Grande do Norte) durante la Segunda Guerra Mundial.

La base musical del forró tradicional, el propio de las llamadas "festas juninas", se compone de un acordeón, un triángulo y un bombo, aunque en la actualidad existen variantes, que incorporan otros instrumentos y como suele suceder con las manifestaciones culturales en Brasil mezcla las raíces europeas con las autóctonas.

En opinión de Trinidade, el forró tradicional se continuará tocando, componiendo y bailando aunque circunscrito a las verbenas de junio, mientras que las variedades modernas han ganado la batalla durante el resto del año.

Esta música, que tradicionalmente se tocaba y bailaba sólo en el nordeste, se extendió en las últimas décadas al resto de Brasil llevada por miles de inmigrantes que buscaban oportunidades de trabajo en grandes ciudades como Sao Paulo o Río de Janeiro.

"Se ha convertido en una pieza de museo", dijo el empresario sobre el forró más tradicional y criticó a una clase "intelectual", a la que calificó de "prejuiciosa" por no permitir la introducción de nuevos instrumentos.

Además, se mostró partidario de la evolución de los ritmos tradicionales porque la música "se transforma".

Para él, lo importante es hacer una fiesta brasileña, que con el pretexto del forró aborde un amplio abanico de la abundancia musical del país.

"Quien viene aquí es para pasarlo bien y hay que agradar a todos", agregó el empresario sobre las fiestas de forró, que dejan al público extenuado después de varias horas ininterrumpidas de baile.

Trinidade apuntó además la existencia de un vínculo histórico entre el forró y el cangaço, un movimiento de bandoleros que a fines del siglo XIX y principios del siglo pasado llegaron a controlar territorios en los depauperados estados del nordeste y pusieron en jaque a las fuerzas de seguridad del país.

Integradas en la identidad cultural de los estados nororientales brasileños, las fiestas amenizadas por bandas de forró y su baile en pareja hasta la salida del sol ponen ritmo todos los años a la llegada de la estación del frío en el hemisferio sur.

Marta Berard