El 18 % de los cerca de 86.000 evacuados por la crisis nuclear desatada en la central de Fukushima en marzo de 2011 no podrá regresar a sus casas por la alta radiación hasta al menos 10 años, según un estudio emitido por el Gobierno nipón.

Además, según las estimaciones del Ejecutivo japonés, la radiación en las zonas colindantes a la maltrecha planta mantendrá también alejados de sus casas y municipios al 32 % de los evacuados al menos hasta 2017, informó hoy la cadena nipona NHK.

El estudio, que fue presentado a las administraciones locales de la provincia de Fukushima (noreste), se realizó mediante las predicciones que maneja el Gobierno tras cotejar los datos de radiación atmosférica en la zona.

Al menos en 6 de las 11 ciudades y municipios que se encuentran dentro de la zona de evacuación de 20 kilómetros decretada por el Gobierno alrededor de la central, superan aún, más de un año y tres meses después de la tragedia, el límite de seguridad de 20 milisievert anuales, añadió la NHK.

El estudio también detalla que el porcentaje se dispara en los municipios más cercanos a la planta, como en ciudades como Okuma, donde el Gobierno considera que el 81 % de los evacuados tendrá dificultades para regresar a sus casas en los próximos diez años, o en Futaba, donde se estima que alcance el 49 %.

A finales de marzo, el Gobierno rebajó las restricciones en algunas localidades dentro de la zona de exclusión, lo que permite a los evacuados visitar sus casas libremente durante el día, en muchos casos con trajes de protección, aunque no se les permite pernoctar.

Un informe presentado en mayo por un grupo de 30 expertos convocados por la Organización Mundial de la Salud (OMS) determinó que los niveles de radiación a los que fueron expuestos los japoneses, incluidos los habitantes de Fukushima, ninguno superaba los niveles de radiación considerados peligrosos para la salud.

El terremoto y el tsunami que el 11 marzo de 2011 golpeó la central de Fukushima Daiichi provocó el peor accidente nuclear desde Chernóbil, y sus emisiones contaminantes han afectado gravemente a la agricultura, la ganadería y la pesca local.