El escritor argentino Alberto Manguel cree que desde siempre la cultura ha tenido "poca importancia para los políticos", aunque ellos "con cierta hipocresía" defendieran lo contrario. Ahora, ni se molestan en disimular que la literatura, el arte o la música "no les interesa".

"Ahora ya hemos pasado al otro lado y hay políticos que se enorgullecen de no ser lectores. Hay una cierta honestidad en esta villanía", afirma en una entrevista con Efe Alberto Manguel, que estos días publica en España su libro "El sueño del Rey Rojo. Lecturas y relecturas sobre las palabras y el mundo", editado por Alianza.

En esa obra ha reunido parte de los ensayos que publicó hace diez años en "En el bosque del espejo", junto con otros que ha ido escribiendo después y una serie de conferencias que este gran experto mundial en la lectura ha pronunciado aquí y allá.

El hilo conductor de "El sueño del Rey Rojo" es "Alicia en el país de las maravillas", en especial esa noción de que "nosotros somos el sueño de una criatura a su vez soñada". Lo que hace la obra de Lewis Carrol, comenta Manguel, es "confirmar la noción de que lo que llamamos sueño e imaginación son percepciones de la realidad".

Ese libro de Carrol ha acompañado a Manguel a lo largo de su vida, como lector y como escritor. Se sabe partes enteras de memoria y sus hijos (su hija mayor, "por supuesto, se llama Alicia") le piden que se calle cuando se arranca, "por enésima vez, con los lastimeros acordes de 'La Morsa y el Carpintero'".

En "El sueño del Rey Rojo", el autor reflexiona sobre la curiosidad intelectual, el arte de la traducción, las librerías y bibliotecas, pero también sobre la muerte del Che, el antisemitismo y la dictadura argentina, entre otros temas. Borges ocupa un lugar muy especial en este libro, en el que hay referencias a Homero, Dante, Chesterton Cortázar, Pinocho...

Manguel (Buenos Aires, 1948) ha dedicado toda su vida a los libros: a leerlos y a escribir sobre ellos.

Esa pasión, que lo ha llevado a acumular una biblioteca de "casi 50.000 volúmenes", constituye sin duda "un privilegio", aunque su vida "hubiese sido mucho más simple" si hubiera sido "almacenero, banquero o médico". "A cualquier cosa que me dé un sueldo mensual", le dice a Efe con humor este escritor, que tiene ciudadanía canadiense y reside en el sur de Francia.

"La profesión de lector y de estudioso de estos temas es una que la sociedad no recompensa porque piensa, como decía Sarkozy (el expresidente francés), que lo haces para divertirte", y eso no hay por qué pagarlo bien, comenta.

Y no es solo Sarkozy el que opina así. Manguel cuenta una leyenda talmúdica "muy divertida": "Un joven estudiante, muy brillante, va al rabino y le dice: 'me encanta la lectura, ¿cómo puedo ganarme la vida con esto?'"

El rabino le dice: "mira, tú tienes ahora 20 años; hasta los 40 vas de puerta en puerta vendiendo cacerolas y cacharros viejos". Y el joven le dice entonces: "¿Y después de los cuarenta años?" "Después, ya estarás acostumbrado", le responde el rabino.

De lector apasionado Manguel pasó a ser escritor, pero ese cambio nunca es fácil de conseguir, como reconoce el autor.

"Yo escribo y tengo que espantar como moscas a los fantasmas de Henry James, de Conrad, de Borges... Oigo sus voces y me comparo necesariamente", dice Manguel antes de revelarle a Efe que no guarda "ninguno" de sus libros en la gran biblioteca que tiene en su casa. Los esconde en un lugar aparte

"Me avergüenza un poco la idea de poner mis libros de ensayo junto a los de Steiner o los de Borges. Me parecería ridículo", asegura este gran intelectual.

El autor de "Una historia de la lectura" no cree que políticos y financieros puedan encontrar en la buena literatura soluciones para la crisis que tan duramente castiga a Europa.

"Hay una oposición entre la sociedad que busca provecho financiero como su meta principal y la que busca bienestar psíquico o espiritual", señala.

"La oposición es tal que no pueden coexistir. Yo creo que fue por eso por lo que Cristo sacó a patadas a los mercaderes del templo", concluye.

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Por Ana Mendoza.