Manny Pacquiao se tambaleó en la cuerda floja en su última pelea, en la que necesitó 28 puntadas para cerrarle un corte en el párpado derecho. Juan Manuel Márquez estuvo a punto de poner fin la magnífica racha del campeón filipino, pero eso no impidió que Pacquiao cantara en su concierto posterior al combate ni que se fuera de juerga toda la noche con su numeroso séquito.

Pacquiao regresa al cuadrilátero el sábado, determinado a demostrar que su anterior pelea no fue otra cosa que algo circunstancial. Timothy Bradley, un virtual desconocido, será su adversario en un combate que podría acabar con la lucrativa carrera de Pacquiao o revitalizarla.

Esta vez, sin embargo, no habrá concierto, ni fiesta. Gane o pierda, lo único que está en la agenda de Pacquiao es una sesión de estudio de la Biblia y pasar algún tiempo con su esposa.