El crecimiento sostenido aunque moderado que tuvo América Latina tras la crisis internacional de 2009 impulsó un aumento del empleo que permitió a la región en 2011 reducir la desocupación a 6,7% en promedio desde el 7,3% del año anterior.

Un informe conjunto de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal) y la Organización Internacional del Trabajo (OIT) difundido esta semana indicó que en 12 de los 17 países con información disponible hubo una disminución en el desempleo y que para 2012 se espera que la tasa vuelva a descender a 6,5%.

En Sudamérica el desempleo disminuyó 0,6% mientras que en los países del norte de la región la caída fue de 0,4%. En el Caribe, por el contrario, la desocupación aumentó 0,2%.

Gerhard Riinicke, especialista en políticas de empleo de la sede regional de la OIT en esta capital, dijo el viernes a The Associated Press que la aplicación de políticas contracíclicas permitió a la región mitigar los efectos de la crisis global y favoreció la creación de empleos.

"Buena parte de estos empleos son de buena calidad, (pero) sí hay bastantes diferencias entre las subregiones, siendo la región del cono sur con la situación más favorable", explicó.

La situación internacional, sin embargo, conlleva una dosis de incertidumbre sobre la situación económica y el empleo.

"Obviamente el riesgo está. Es muy difícil pronosticar la severidad con que la crisis va a golpear aquí en América Latina... Algunos indicadores han sido bastante favorables en la región, pero también en algunos países se está viendo que hay una desaceleración e incluso recesión", dijo.

En tanto Jürgen Weller, de la Cepal y uno de los autores del informe, manifestó a la AP que de acentuarse la crisis y el impacto en la región se tendría que revisar la visión favorable para el próximo año.

Destacó, pese a ello, que la crisis de 2009 dio lugar a medidas novedosas para proteger el trabajo, como empleos de emergencia, que de ser necesario se podrían retomar. "Habría diferentes instrumentos disponibles. Impacto negativo habría, pero con estos instrumentos se podrían contener efectos mayores", apuntó.

Riinicke mencionó como un aspecto negativo la iniquidad entre el crecimiento de la productividad y de los salarios. "Los trabajadores no se benefician de los aumentos de la productividad en la medida que sería deseable para la equidad social y también desde un punto estrictamente económico porque sería un freno a la demanda interna de productos", manifestó.

Los dos organismos internacionales expresaron a su vez preocupación "sobre la posibilidad de una desaceleración del crecimiento de los salarios" que puede "precarizar en el mediano plazo las condiciones del empleo y la participación laboral".

El informe conjunto también consignó como signo desfavorable la brecha de género y edades en el empleo. Sin embargo, México fue una excepción y las tasas de desempleo entre hombres y mujeres no mostraron diferencias significativas.

Según el informe, Uruguay lideró entre los países latinoamericanos el incremento real de los salarios con 4%, seguido de Venezuela con 3%. En 2011 Uruguay registró también el mayor aumento del salario mínimo con 15,7%, mientras en Perú creció 9,6% y en Bolivia 9,2%.

En El Salvador y Honduras se registraron leves bajas.

Según Riinicke, la situación del empleo en Uruguay se explica en la recuperación de su economía tras la crisis financiera de 2002: una parte corresponde a la recuperación de los salarios anteriores a la crisis y otra a la implementación de consejos de salarios que han permitido las negociaciones colectivas por sectores laborales.

El ministro de Trabajo uruguayo, Eduardo Brenta, dijo en Montevideo a la AP que "se decía que un incremento del salario importante iba a tener un efecto negativo sobre la productividad y a su vez que iba a aumentar el desempleo. Hemos podido romper ese paradigma".

Agregó que el aumento salarial contribuyó al crecimiento económico de Uruguay "porque dinamizó el mercado interno y al mismo tiempo fue acompañado de una caída persistente del desempleo".

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La periodista de The Associated Press en Montevideo, Belén Bogado, contribuyó con esta información.