El presidente de Filipinas visita la Casa Blanca en busca de garantías de ayuda militar estadounidense si este aliado en el sudeste de Asia enfrenta un ataque de China por sus enfrentadas reclamaciones marítimas.

Es una solicitud incómoda para Estados Unidos, ya que tiene por objeto mejorar sus alianzas asiáticas sin inquietar a Beijing. El presidente filipino Benigno Aquino III se reúne con el presidente Barack Obama el viernes en el marco de un enfrentamiento de dos meses entre buques filipinos y chinos en un banco de arena en disputa en el Mar de China Meridional.

El enérgico comportamiento de China en esas aguas ha servido para reforzar la alianza de 60 años de Manila con Washington, que prosperó durante la Guerra Fría, pero decayó después de que fuerzas políticas nacionalistas cerraron bases militares norteamericanas en 1992.

Aquino, hijo de los héroes de la democracia, se ha convertido en un socio de Estados Unidos en momentos en que pretende construir una presencia más fuerte en el sudeste de Asia, una región descuidada durante una década de guerras en Afganistán e Irak. El ha sido aplaudido por su lucha contra la corrupción desde que ganó las elecciones hace dos años y ha reavivado la economía del empobrecido país. Ha buscado la ayuda de Washington para reconstruir un ejército decrépito y fuera de forma para defender sus reivindicaciones territoriales.

En un impulso a su posición como un aliado valioso, Aquino se reunirá con Obama en la Oficina Oval de la Casa Blanca después de un almuerzo organizado por la secretaria de Estado Hillary Rodham Clinton. Aquino se reunió con senadores el jueves.