La India se ha movilizado para limpiar de contaminación el Ganges en una campaña de carácter nacional que tiene el objetivo de proteger y salvaguardar el futuro del río sagrado por antonomasia de la cultura hindú.

Tras Gobierno, ONG y grupos de la sociedad civil, el principal partido de la oposición es el último en sumarse al empeño ante la ingente cantidad de inmundicias de todo origen, tanto químico como orgánico, que transcurren por el cauce fluvial.

En un comunicado, la formación nacionalista Bharatiya Janata Party (BJP) atribuyó a "la industrialización y el urbanismo descontrolados" un nivel de contaminación tóxica en el río que, aseguró, causa al año la muerte de "numerosas personas".

Aparte de un cauce fluvial libre de residuos, el propósito del BJP es lograr un "Ganges continuo", es decir, sin presas de gran tamaño que "obstruyan su cauce", y sustituir esos diques por otros de menor proporción.

El activista indio Rajendra Singh -conocido como el "hombre agua" por haber "revivido ríos y creado lagos", según dijo a Efe, se mostró pesimista sobre la iniciativa del BJP "porque en los 5 años que estuvo en el Gobierno no hizo nada por el Ganges".

Sin embargo, Singh dijo compartir la opinión de que las presas "matan el río".

El interés por el Ganges -que nace en el Himalaya y desemboca en el Golfo de Bengala- radica en que a lo largo de sus 2.510 kilómetros viven 400 millones de personas, un tercio de la población india, que depende de las aguas de este "icono nacional".

Además, se trata de más que un río: los hindúes lo consideran sagrado y a él acuden cada año en peregrinación millones de personas, alentadas por la creencia de que sus aguas no sólo lavan los pecados, sino que liberan del ciclo de las reencarnaciones.

Pero como botón de muestra de su actual estado serviría recordar que en una de las ciudades más sagradas del hinduismo, Benarés, el Ganges contiene 60.000 bacterias fecales por cada 100 mililitros, 120 veces más que el límite considerado seguro para el baño.

Ese alto nivel de polución no disuade, sin embargo, a los peregrinos de entrar en sus aguas para purificarse, al parecer más preocupados por las presas que por la contaminación.

En ese sentido se pronunció el sacerdote Shri Kant Mishr, que vive en la ciudad sagrada y que no centró tanto sus críticas en los residuos tóxicos como en el plan para construir los diques.

"El Ganges es como una diosa para nosotros y si no discurre libremente será una diosa muerta", sentenció Mishr por teléfono a Efe desde Benarés.

La petición choca frontalmente con el plan del Gobierno, desvelado por la televisión local IBN, de construir unas 300 presas a lo largo del río Ganges, para "alimentar a una nación hambrienta de electricidad".

En 2009, el Gobierno de Nueva Delhi ya creó la Autoridad Nacional de la Cuenca del Ganges (NGRBA), con la que pretendía eliminar por completo los vertidos sin tratar de aguas residuales o industriales en un plazo de 11 años.

El proyecto contó hace un año con el apoyo financiero de 1.000 millones de dólares por parte del Banco Mundial pero sus resultados están lejos de ser los previstos.

El primer ministro indio, Manmohan Singh, reconoció el pasado abril que el Ganges recibe al día 2.900 millones de litros en desechos, muy por encima de la capacidad de las plantas purificadoras existentes en su ribera.

"El tiempo no está de nuestra parte", admitió Singh, de acuerdo con la agencia india IANS, durante la tercera reunión del NGRBA.

La reunión tuvo lugar a raíz del impulso de un activista de 80 años, G.D. Agarwal, quien recurrió a la huelga de hambre para protestar por la falta de compromiso del Gobierno con la conservación del Ganges.

Un final de historia diferente al que padeció el año pasado otro activista por el Ganges, el gurú Nigamanad, que al no recibir respuesta de las autoridades llevó su ayuno hasta el final, y encontró la muerte.

Moncho Torres