Durante el último año, el cáncer del presidente venezolano Hugo Chávez ha mantenido a Cuba no solo ocupada en sus operaciones y tratamientos, sino también preocupada por las incertidumbres que planean sobre la vital alianza con su principal socio económico y político.

Han pasado doce meses desde que Chávez entró en un quirófano de La Habana (dos veces en junio de 2011) y salió con un diagnóstico adverso que abrió paso a un rosario de viajes del presidente de Venezuela a Cuba para recibir quimioterapia, someterse a revisiones, volver a operarse y tratarse con radioterapia.

La imagen del presidente Raúl Castro recibiendo o despidiendo a su aliado en el aeropuerto de La Habana se convirtió en habitual en los medios cubanos en todo este tiempo, en el que ha sido el propio Chávez quien divulgaba los detalles de su salud protegido por la discreción que la isla ofrece en estas situaciones.

Pero el hermetismo no ha podido impedir que la enfermedad de Chávez sea un elemento de inquietud para un país que tiene en Venezuela a su mayor y más generoso socio económico y que además le garantiza el 62 por ciento de sus necesidades de petróleo.

Carmelo Mesa-Lago, catedrático emérito de Economía de la Universidad de Pittsburgh (Estados Unidos), cifra en unos 13.000 millones de dólares el valor de la relación económica de Cuba con Venezuela en 2010 (6.000 por intercambio comercial de mercancías, 5.400 por pago de servicios y 1.500 en proyectos de inversión), lo que supone entre el 21 y el 22,5 por ciento del PIB cubano.

"A corto plazo, no hay otro país en el hemisferio o el mundo que pueda reemplazar para La Habana el tipo de relación especial existente con Caracas", dijo a Efe por su parte el también cubano-americano Arturo López-Levy, profesor de la Universidad de Denver (Estados Unidos).

Especialmente importante es la relación energética: Caracas suministra diariamente a La Habana 115.000 barriles diarios de crudo y derivados que la isla paga en parte con los servicios que prestan en Venezuela decenas de miles de médicos, maestros, entrenadores deportivos y otros asesores.

Cuba tiene puestas muchas esperanzas en reducir esa dependencia si encuentra petróleo en la zona que posee en aguas del Golfo de México pero de momento la primera perforación, llevada a cabo por la española Repsol, ha resultado fallida.

No obstante, las labores de exploración prosiguen con otras petroleras internacionales que operan con Cuba: la malaya Petronas y la rusa Gazprom han tomado el relevo de las perforaciones y después llegará el turno de la venezolana PDVSA.

A la espera de resultados, Cuba sigue atenta a todo lo que tenga que ver con Chávez -que buscará su tercer mandato en octubre- sin que cesen los interrogantes sobre las consecuencias que tendrá para la isla la evolución de los acontecimientos en Venezuela.

Algunos analistas y observadores creen incluso que la inquietud por la salud de Chávez es uno de los factores que ha ralentizado el ritmo de las reformas económicas emprendidas en la isla por Raúl Castro.

Para Arturo López Levy, la incertidumbre sobre Venezuela "agrega cautela", "desestimula el diseño de nuevas iniciativas ante la posibilidad de un periodo de dificultades" y genera "presión" en la elite del poder en Cuba sobre la urgencia de poner en marcha, al menos, las reformas acordadas.

Sobre las consecuencias que tendría para la isla un escenario sin Chávez, el debate se mueve entre quienes creen que sería similar al que provocó el desplome de la Unión Soviética (URSS) hasta los que consideran que Cuba está ahora mejor preparada para afrontar el impacto.

Según Mesa-Lago, los efectos "serían devastadores" pero menos que durante la crisis de los 90, porque Cuba tiene ahora más ingresos procedentes del turismo, recibe al menos mil millones de dólares en remesas desde el exterior que no existían en aquella época, ha aumentado su producción de petróleo y ha logrado diversificar un poco más sus exportaciones.

En cualquier caso, este experto cubano-americano, que analiza el asunto en su libro "Cuba en la era de Raúl Castro: Reformas económico sociales y sus efectos", cree que la ayuda de Venezuela a Cuba no está garantizada en ningún supuesto dado el deterioro de la economía del país sudamericano en los últimos años.

En este punto coincide López Levy: "Incluso con una victoria chavista abrumadora, un ajuste de la economía venezolana sería necesario (...) Es impensable que los generosos términos de la relación bilateral con Cuba vayan a permanecer intocables".

Sin embargo, él cree que, en cualquier escenario en Venezuela, "la relación especial con Cuba nunca se eliminaría de golpe".

López Levy es de los que considera que una hipotética caída en la relación bilateral no se puede comparar con las consecuencias de la desintegración soviética, ya que Venezuela no es una "superpotencia" como lo fue la URSS y porque la interdependencia política Cuba-Venezuela "es bastante simétrica": a su juicio las dos partes perderían con una reducción abrupta de su vínculos.