La primera invasión de visitantes asaltará mañana la dOCUMENTA de Kassel (centro de Alemania), dispuesta a defender el título de mayor muestra de arte vanguardista del mundo con un programa de amplio recorrido que arranca en un búnker y se extiende más allá del límite de la ciudad.

Cualquier lugar es bueno para reflexionar o para evadirse de la crisis que atornilla al mundo: el búnker donde exponen la estadounidense Jennifer Allora, el cubano-portorriqueño Guillermo Calzadilla y el afgano Aman Majodidi; o las terrazas ajardinadas sobre el refugio, donde lo hace el argentino Adrián Villar Rojas.

Para ingresar en el búnker hay que colocarse un casco protector, no se sabe si por seguridad o porque forma parte de la experiencia.

Dentro se respira un denso aire que traslada al visitante a Kabul -uno de los ejes temáticos de la muestra- mientras en las terrazas exteriores retratan las ruinas de la civilización, entre ciervos abatidos.

En el itinerario, el búnker, los jardines, y también los tradicionales espacios del museo Fridericianum o la Orangerie, y las nuevas incorporaciones al circuito: un convento, en las afueras de la ciudad, un sanatorio, una cárcel, así como un centro comercial de la zona peatonal y un edificio de oficinas vacío.

Así lo ha presentado Carolyn Christov-Bakargiev, comisaria de la dOCUMENTA (13), en los últimos tres días a los medios y profesionales del sector, antes de abrir mañana la feria al público de a pié, inaugurada por el presidente del país, Joachim Gauck.

"Tienen cien días para reflexionar y para pasear, cada uno sacará su conclusión. O se marchará indiferente. También eso es una reacción", explica a los visitantes el tailandés Chiang Mai, a los pies de su blanco espectro llamado "Geist" -"Espíritu"-, una de las más espectaculares instalaciones del parque ciudadano Karlraue.

El "espíritu" del artista tailandés y su colega Apichatpong Weerasethakul, en un claro del parque, no anima a sentarse a relajarse. Sí lo hace el "Sanatorio" de Pedro Reyes, donde un equipo de "asistentes" atiende al visitante y le invita a la "distender músculos y mente", explica el artista mexicano.

Junto al gran estanque se emplazó una aterradora horca de madera, del estadounidense Sam Durant, para muchos ya el símbolo de la presente edición de la dOCUMENTA, que refleja a la lado de las apacibles aguas el mundo de las ejecuciones.

Incompleta, según la definición de la propia comisaria, y una especie de "taller de ideas en construcción", para Reyes, la dOCUMENTA reparte los casi 300 nombres de artistas y demás invitados -biólogos y otros científicos- en ambientes y dinámicas distintas.

Algunas de las obras se completarán a lo largo de la muestra, que se cerrará el 16 de septiembre, como los árboles depositados en macetas, a modo de contramolde de los 7.000 robles que plantó Joseph Beuys en 1982, una de las ediciones más míticas de la muestra.

Otras no llegarán nunca, como el meteorito de los argentinos Guillermo Faivovich y Nicolás Goldberg, que se quedó con sus 37 toneladas en El Chaco y sólo está presente simbólicamente en Kassel.

"También eso es experiencia artística. Intentar y representar", apunta Chus Martínez, exjefa de exposiciones del MABCA de Barcelona y mano derecha de Christov-Barkviev, que va de una performance a la siguiente, como el estreno de "Kauf mich" -"Cómprame"-, una denuncia del consumismo de la española Dora García.

La 13 edición de la dOCUMENTA se enmarca en el espíritu experimental de esta misma muestra de Kassel, fundada en 1955 por Arnold Bode y que desde esos inicios complejos, en plena posguerra, ha convertido esta ciudad de provincias, cada cinco años, en meca artística mundial.

Es una opción económicamente llevadera en tiempos de crisis, en una ciudad sin pretensiones, con hoteles y habitaciones privadas asequibles para casi todos los bolsillos, y cuyo mejor sistema de movilidad es la bicicleta, para la que también con un buen servicio público de alquiler.

El precio es variable -todo lo que ocurre al aire libre es de libre acceso- y la oferta abarca todo Kassel, con una excepción: el hombre que llama a los feligreses desde el campanario de la Iglesia católica de Santa Elisabeth, en la misma plaza que el Fridercianum.

Es obra de Stephan Balkonhol, discípulo del fundador Bode. Además del hombre del campanario se expone obra del artista en el interior del templo. "No formamos parte de la dOCUMENTA. Nadie nos ha invitado. Y eso que somos vecinos", dice el párroco Peter Bulowski, cuya exposición se cierra, también, el 16 de septiembre.

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Por Gemma Casadevall

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