El Gobierno sudanés atribuyó hoy el fracaso de las negociaciones con Sudán del Sur en Adis Abeba a que este país presentó un nuevo mapa con una demarcación fronteriza "hostil", al tiempo que aseguró que el Ejército sudanés está dispuesto para proteger sus fronteras.

En una rueda de prensa a su llegada a Jartum desde la capital etíope, el ministro sudanés de Defensa, Abdel Rahim Mohamed Husein, denunció que Sudán del Sur "quería determinar la línea divisoria entre los dos países, así como zonas desmilitarizadas entre las dos partes, sobre la base de un nuevo mapa".

Husein consideró que este nuevo mapa es "hostil y no refleja el espíritu de amistad y la búsqueda de la paz entre los dos países".

De acuerdo con Sudán, las autoridades de Yuba pretendían incluir en las zonas consideradas en disputa otras como Heglig, cuya soberanía Jartum afirma le pertenece.

Uno de los motivos del fracaso de las conversaciones, que duraron diez días, fue que ambas partes reclamaron la soberanía de las zonas petroleras fronterizas de Abyei y Heglig.

"El mapa que Sudán acepta como legítimo se encuentra en los registros de las Naciones Unidas y se construye sobre la base del Acuerdo General de Paz de 2005", que puso fin a una guerra entre el norte y el sur de más de dos décadas.

Por su parte, el jefe negociador sursudanés, Pagan Amum, aseguró en Adis Abeba que las conversaciones -que versaban sobre la demarcación de la frontera, las rentas del petróleo y seguridad, entre otras cosas- no han dado frutos porque Jartum "está poniendo trabas".

No obstante, Sudán y Sudán del Sur seguirán con las negociaciones sobre otros asuntos.

El plazo otorgado por la Unión Africana (UA) y la ONU para llegar a un acuerdo es el próximo 2 de agosto, y de no cumplirse ese límite, ambas organizaciones han amenazado con poner en marcha medidas coercitivas.

En los últimos meses, Sudán y Sudán del Sur han protagonizado frecuentes enfrentamientos en zonas fronterizas, ricas en yacimientos petrolíferos.

Sudán del Sur se independizó del norte el 9 de julio de 2011 tras un referéndum celebrado bajo los auspicios de la comunidad internacional y después de un conflicto bélico con su vecino del norte que se prolongó durante más de dos décadas y causó la muerte de unos dos millones de personas.