El comandante de las fuerzas de Estados Unidos y la OTAN en Afganistán se disculpó el viernes por la muerte de civiles en un ataque aéreo de la coalición esta semana, en la primera confirmación de la OTAN de que mató civiles durante la operación.

El mayor John Allen, de la infantería de marina, viajó a la provincia de Logar para transmitir personalmente su pesar a los pobladores y las autoridades provinciales por la muerte de mujeres, niños y ancianos en el ataque del miércoles para capturar a un agente del Talibán.

Las autoridades afganas dijeron que el ataque de la OTAN mató a 18 civiles.

"Sé que ninguna disculpa puede recuperar la vida de los niños o las personas que perecieron en esta tragedia y este accidente, pero quiero que sepan que cuentan con mis disculpas y haremos lo correcto para las familias", dijo Allen a unas dos docenas de afganos reunidos en una base en la capital provincial de Pul-i-Alam.

Los ataques nocturnos a milicianos que se refugian en pueblos ha sido una fuente reiterada de tensiones entre el gobierno afgano, que se queja de que ponen en riesgo a civiles, y sus aliados internacionales, que insisten en que son necesarias para liquidar a líderes insurgentes.

Un acuerdo firmado en abril supuestamente iba a resolver la cuestión poniendo al gobierno afgano a cargo de dichas operaciones, y las fuerzas en el ataque del miércoles incluían a soldados afganos. Pero el presidente Hamid Karzai ha culpado las muertes del ataque del miércoles a la coalición internacional, condenando sus acciones y pidiéndole que explique por qué mataron a niños pequeños.

La explicación fue que se trataba de una operación para capturar a un líder talibano que se había refugiado en una casa en el distrito Baraki Barak en el pueblo de Sajawand. Al tratar de penetrar en el complejo fueron recibidos a tiros y respondieron pidiendo el ataque aéreo.

Los pobladores dijeron que en la casa hubo una boda en la noche anterior y que estaba repleta de familias que habían ido de visita para la celebración. La mañana posterior al bombardeo apilaron los cadáveres en camionetas y los condujeron a la capital provincial para protestar por el ataque.