Miles de feligreses abarrotaron la plaza central de la Catedral Metropolitana para despedirse del cardenal retirado Rodolfo Quezada Toruño, quien participó activamente en las negociaciones para lograr la paz en Guatemala en la década de 1990.

"Pidámosle al monseñor Quezada que nos guíe en nuestro camino ya que él nos ha dejado un legado", dijo el arzobispo metropolitano de Guatemala, Oscar Vian Morales durante la misa de cuerpo presente.

A lo largo de la plaza central, cientos de personas desplegaron alfombras hechas de pétalos de flores y aserrín de varios colores para el recorrido del féretro realizado por sacerdotes, monjas y estudiantes que cargaron el ataúd. Posteriormente fue sepultado en una cripta de la Catedral.

"El impulsaba la promulgación de la religión católica en el país. Pasarán muchos años para que haya un monseñor como él, igual que un papa como Juan Pablo II", dijo Zucel Romero, estudiante del Colegio Francés de Guatemala de 17 años de edad que participó en el desfile.

Según oficiales de la policía municipal de tránsito, se encontraban alrededor de 5.000 personas presentes.

El presidente Otto Pérez Molina asistió a la misa. "Quezada Toruño fue un precursor de la paz en Guatemala. Creo que gran parte se la debemos a él de que haya terminado el conflicto armado (1960-1996)", dijo en el atrio de la iglesia.

Agregó que el cardenal "hizo un gran esfuerzo para que las negociaciones fueran con diálogo y no con armas".

Anteriormente, Pérez Molina ya había decretado tres días de luto nacional al enterarse del fallecimiento del cardenal el lunes en un hospital de la capital debido a una complicación por un problema estomacal. Tenia 80 años.

Quezada fue ordenado sacerdote en 1956. Durante las décadas de 1970 y 1980 emergió de las filas del episcopado.

Su preocupación por los problemas sociales lo llevaron a jugar un papel clave en las negociaciones que propiciaron la firma de los acuerdos de paz en 1996, que pusieron fin a la guerra civil que azotó durante 36 años a esta nación centroamericana.

Junto con el obispo Juan Gerardi, asesinado en 1998, fue el conciliador oficial entre el gobierno y las guerrillas de la Unidad Nacional Revolucionaria.

Conocido como el Obispo de la Paz o sencillamente como "el monseñor", logró el respeto de muchos guatemaltecos y del Vaticano.

"Me es grato impartir de corazón a cuantos lloran tan sensible pérdida una especial bendición apostólica", dijo el papa Benedicto XVI por medio de un telegrama.

Quezada Toruño se retiró como cardenal de la Arquidiócesis de Guatemala el 2 de octubre de 2010 pero se mantuvo activo en los esfuerzos por alcanzar la reconciliación nacional y la defensa de los derechos humanos.

Al despedirse de su cargo como arzobispo metropolitano escribió una carta dirigida a todos los feligreses del país donde defendió su lucha por los derechos humanos de "miles de personas que viven hacinadas en barrancos y los indígenas de todas las etnias que vienen a la urbe buscando un porvenir".

"No he querido ni podido quedarme callado, aún a costa de incomprensiones por parte de aquellos que no comprenden que parte esencial del ministerio de obispo consiste en alzar su voz para denunciar todo aquello que aparta del reino de Dios", expresó en aquella carta Quezada Toruño.

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Romina Ruiz-Goiriena está en Twitter como https://twitter.com/romireportsAP