Por primera vez, al menos públicamente, el presidente del gobierno Mariano Rajoy pareció no descartar de manera tajante la necesidad de ayuda externa para el sistema financiero español y aseguró que una vez se conozcan los requerimientos reales de la banca tomará la decisión más favorable para el país.

Rajoy evitó especular sobre el forado del sector bancario, que algunos analistas cifran entre 60.000 y 160.000 millones de dólares para cubrir una cartera estimada de 180.000 millones de euros (223.950 millones de dólares) en activos tóxicos, créditos e hipotecas en riesgo de impago vinculados al colapso de la construcción.

El presidente del Banco Santander, Emilio Botín, situó la recapitalización en 40.000 millones de euros (49.700 millones de dólares).

Rajoy aseguró que esperará a los resultados del informe que está elaborando el Fondo Monetario Internacional, FMI, previsto para el 11 junio, y a las evaluaciones externas de la banca encargadas a sendas empresas auditoras de Alemania y Estados Unidos.

"Una vez que nosotros conozcamos lo que nos dicen los evaluadores independientes y una vez que hayamos hablado con todos nuestros socios europeos, tomaremos la decisión que sea mejor para los intereses generales de los españoles", dijo Rajoy el jueves en una rueda de prensa junto a su homólogo holandés, Mark Rutte.

"El gobierno tiene un plan perfectamente definido y este plan es el que al final acabará por conseguir que salgamos de la situación en la que estamos en este momento", agregó.

El problema español también es europeo y ha vuelto a generar dudas sobre la viabilidad del euro como moneda.

En las últimas horas, ha cobrado vida la versión de que Europa podría inyectar dinero en el sistema financiero español, sin exigir al país los duros ajustes que por ejemplo afrontan Grecia, Irlanda y Portugal por el dinero de sus rescates.

Sin mencionar a España, la canciller Angela Merkel reconoció en una entrevista que Alemania está preparada para activar los instrumentos que sean necesarios para estabilizar la eurozona.

En julio del año pasado, los 27 países de la Unión Europea acordaron un mecanismo que permitía acudir al fondo de rescate para recapitalizar bancos a países que no están rescatados, como España, cuya situación fiscal y volumen de deuda es relativamente saludable.

Ese mecanismo, del que podría servirse España, inyectaría el dinero en los bancos a través del gobierno. Pero como el capital estaría exclusivamente dirigido al sistema financiero, las condiciones del préstamo serían mucho menos exigentes que las de un rescate convencional, en el que inspectores europeos y del FMI revisan regularmente los ajustes marcados para ir liberando la ayuda.

Esa expectativa de una solución para la banca española con ayuda europea ha disminuido considerablemente el sobrecosto de la deuda española, que el jueves superó con éxito una subasta de bonos soberanos en la que logró colocar 2.100 millones de euros (2.620 millones de dólares).

El Tesoro pagó un interés promedio de 6% para vender 611 millones de euros (770 millones de dólares) en bonos a 10 años, frente al 5,7% de la subasta del 19 de abril. El resto del dinero se repartió en bonos y obligaciones a dos y cuatros años, que se pagaron a intereses ligeramente superiores a la anterior colocación.

Además, el rendimiento de los bonos a 10 años cayó el jueves a 6,04% en el mercado secundario, siete días después de haber escalado a 6,70%. Los expertos consideran insostenible a mediano y largo plazo un interés de entre 7% y 8%, como el que llevó a Grecia, Irlanda y Portugal a solicitar un rescate internacional.

Después del cierre de los mercados en Europa, la agencia Fitch rebajó tres escalones la calificación de la deuda soberana española, desde A hasta BBB, sinónimo en los mercados de aprobado, pero a solo dos pasos del bono basura.

Antonio Barroso, de la consultora Eurasia Group, dijo que la venta de bonos fue positiva por una parte al demostrar que España puede seguir financiándose por su cuenta, aunque los intereses mayores que ha debido pagar indican que los mercados "todavía tienen un problema de confianza a largo plazo".

España se encuentra en recesión y soporta un desempleo de 24,4%, pero la tormenta financiera que azota el país desde hace días tiene al sector bancario en el ojo del huracán.

La caída de Bankia, que solicitó 23.900 millones de dólares para sanear su balance, ha generado dudas sobre la capacidad de España para rescatar a sus bancos. Los mercados entienden que Bankia es sólo la punta del iceberg y que la cartera tóxica de la banca española es mayor de lo que se estima.

Para acabar con esa desconfianza en el sector, el gobierno nombró el jueves al veterano economista Luis María Linde como nuevo gobernador del Banco de España. Linde se encargará de pilotar el complejo proceso de saneamiento de la banca ibérica.