Los ambientalistas latinoamericanos afirmaron hoy en Panamá que hay que convencer a Japón de que "una ballena viva vale más que una muerta", para impulsar la conservación de la especie en el seno de la Comisión Ballenera Internacional (CBI), que la próxima semana comenzará su reunión anual en Panamá.

Japón es el mayor cazador de ballenas del mundo, con una meta aceptada por la Comisión de unos 1.400 ejemplares este año, y lidera esa corriente dentro de la CBI apoyado por un pequeño grupo de países, explicaron los activistas en un encuentro con la prensa.

La 64 reunión anual de la CBI, que se celebrará en la capital panameña, será clave para determinar si este organismo es capaz de responder por la conservación de las ballenas o si es necesario otro mecanismo, añadieron los ambientalistas de Brasil, Panamá y de la Sociedad Mundial para la Protección Animal (WSPA, por su sigla en inglés).

Hay que "convencer" a Japón de que "una ballena viva vale más que una ballena muerta", dijo José Truda, exdelegado de Brasil en la CBI y dirigente de la organización no gubernamental Centro de Conservación Cetácea.

Argumentó que la comercialización de carne y grasa de esos cetáceos genera "menos de 100 millones de dólares anuales" a los principales cazadores, Japón, Noruega e Islandia, mientras que la actividad del avistamiento movió 2.100 millones de dólares en 2008.

El apoyo de la caza de ballenas, según los ambientalistas, radica también en las jugosas subvenciones estatales que recibe ese sector.

Gabriel Despaigne, dirigente de la Asociación Verde de Panamá, resaltó que su país perteneció durante varios años al "bloque japonés", pero a partir de 2004 lo abandonó al percatarse de que "una ballena viva vale más que una ballena muerta".

Panamá se convirtió en 2005 en el segundo país de América, después de México, en declarar sus aguas territoriales como santuario para las ballenas, destacó el ambientalista.

Se calcula que el avistamiento de esos gigantescos cetáceos puede generar alrededor de 100 millones de dólares anuales a Panamá, donde las ballenas vienen a parir por la calidez de las aguas, explicó Despaigne.

Los activistas resaltaron que la aprobación de un santuario para las ballenas en el Atlántico Sur y de la resolución de Mónaco, que pide a la ONU actuar para la conservación de esos animales, serán los temas sustantivos del encuentro de la CBI, que se extenderá hasta el próximo 6 de julio.

"Esta nueva reunión será decisiva para identificar cuáles países son congruentes con sus posturas de protección a las ballenas y cuáles no. El mundo entero debe decidirse a aprovechar las ballenas sin maltratarlas, de una manera sostenible, y de no permitir su cacería", dijo por su parte la costarricense Marcela Vargas, gerente de programas de la WSPA para México, Centroamérica y el Caribe.

En ese sentido, Truda expresó a Efe que tiene un "poco de esperanza" en que en la reunión se imponga la "posición conservacionista", porque se dan ahora mismo "gestiones de alto nivel los con países del bloque japonés" que promueven la caza de ballenas.

"Pero si no es así, si la CBI continúa haciendo lo mismo, creo que la región tiene que evaluar si quiere continuar siendo parte de eso o si debemos ir a la ONU a exigir algún otro tipo de marco para tratar el tema de la conservación de los grandes cetáceos", opinó el investigador brasileño.