La llama olímpica desafió los mares agitados y las lluvias intensas el jueves, su último día en Irlanda, tras una visita que buscó resaltar la creciente unidad entre los protestantes británicos y los católicos irlandeses.

La antorcha y la numerosa comitiva que la sigue se embarcaron el jueves en un transbordador rumbo a Escocia, después de cinco días prácticamente libres de percances en cada rincón de Irlanda del Norte, así como en Dublín, la capital de la República de Irlanda.