Manifiesta, la bienal europea de arte contemporáneo, explora en su novena edición en Genk (noreste de Bélgica) la visión de artistas contemporáneos sobre las huellas de la era industrial, y cómo esa revolución ha forjado la forma de vida y también la modernidad en el siglo XXI.

"Hemos hecho una propuesta relacionada con la historia de Genk, construida por el carbón desde los años veinte. Hemos tratado de movilizar la fuerza de la bienal y la energía social de la memoria cultural", indicó hoy en una entrevista telefónica con Efe el crítico mexicano Cuauhtémoc Medina, jefe del equipo de comisarios de esta edición.

Manifesta 9 está ubicada en un imponente escenario, un edificio histórico de la antigua mina de Waterschei, de 24.000 metros cuadrados de superficie, en el que sus organizadores han querido buscar una mirada "poética", a través del arte contemporáneas, sobre la reestructuración del sistema productivo a nivel mundial.

Todo ello con la producción de carbón como telón de fondo y como material que fue clave para transformar la vida social y el paisaje natural en la era industrial, y que en esta muestra es considerado también como una "fuente de energía cultural".

Para Medina, las ventajas de la situación geográfica de Genk, en la provincia flamenca de Limburgo, próxima a las fronteras con Alemania y Holanda así como a la región francófona de Valonia, que conforma el sur de Bélgica, son claras, ya que además de la exposición en la antigua mina Manifesta llevará más de 80 eventos a sus alrededores.

Esta bienal ofrece un "salto" y una "dinámica cultural que rompe con estar atado a los centros" artísticos en una ciudad donde hay una estructura emergente, opinó.

La exposición, titulada "La profundidad de lo moderno", está presentada como un tríptico en cuya primer parte 35 artistas de todo el mundo han sido invitados a presentar obras que relacionen la temática industrial local con asuntos globales.

La segunda sección hace un repaso del arte de los siglos XIX y XX con una temática marcada por la industrialización, en tanto que la tercera parte se centra en el legado que la minería ha dejado en la provincia de Limburgo.

Medina destacó que se abordan algunos temas por primera vez, como la relación entre el impresionismo y la contaminación.

El comisario descartó que la muestra esté marcada por un enfoque latinoamericano, a pesar de su nacionalidad y de que en ella exponen los también mexicanos Carlos Amorales y Antonio Vega Macotela, además de la ecuatoriana Kuai Shen, la argentina Magdalena Jitrik o el venezolano Alexander Apóstol.

"Este proyecto no tiene una lógica latinoamericana. Estamos ya muy insertados en el debate de la cultura global", señaló.

Por parte de España, participan los artistas Manuel Durán, Jota Izquierdo y Lara Almarcegui.

Manifesta, que estará abierta al público hasta el próximo 30 de septiembre, es una de las bienales artísticas más importantes de Europa junto a la de Venecia y Documenta, que se celebra en la localidad alemana de Kassel, con la particularidad de que es itinerante.

El proyecto de esta bienal se originó a principios de los años 90, tras la reunificación de Alemania, siguiendo el impulso de integración europea, con vocación de ser una plataforma "migratoria" de arte contemporáneo que interactúa con los lugares donde se celebra, explicó Medina.

Desde 1996, Manifesta ha tenido lugar en Rotterdam (Holanda), Luxemburgo, Liubliana, Frankfurt (Alemania), San Sebastián, Trentino-Alto Adigio (Italia) y Murcia.

Para el comisario, la proliferación actual de bienales en todo el mundo es positiva para romper con el centralismo del arte que acaparan los museos, y es un buen vehículo para "experimental con el modelo" para dar a conocer el arte contemporáneo, "que es de lo más poderoso para atraer al público".

"Las bienales van y vienen. Pero la tasa de natalidad es más alta que la de mortalidad", comentó.

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Por Rosa Jiménez