Europa encara un mes crucial. Su economía se contrae a pasos agigantados ante el peso de la crisis de la deuda soberana, que amenaza la economía global. Ahora, su banco central ha decidido no intervenir, con la esperanza de que los divididos dirigentes europeos decidan actuar.

Los analistas sostienen que el Banco Central Europeo no variará su arma monetaria más poderosa en la reunión del miércoles de su consejo de 23 miembros. No se pronostica una reducción en su tasa de interés de referencia, ya en la cifra récord del 1%. Y son pocas las posibilidades que brinde préstamos a precios irrisorios a los bancos en apuros, tras haber inyectado en el sistema bancario 1 billón de euros (1,4 billones de dólares) en diciembre y febrero.

El presidente del BCE, Mario Draghi, quiere que líderes como la canciller alemana Angela Merkel, el presidente francés Francois Hollande y el presidente de la Comisión Europea José Manuel Barroso forjen un plan para salvar el euro en su cumbre del 28 y 29 de junio en Bruselas. Entonces, dijeron los analistas, Draghi y el BCE podrían inclinarse por intervenir con premura, quizá en julio.

Es un juego arriesgado porque la eurozona — integrada por los 17 países que usan la divisa común — se encuentra en una situación muy delicada. Los bonos españoles a 10 años se han acercado al 7%, tope que no es posible mantener a mediano o largo plazo, lo que dificulta el pago de su deuda soberana a medida que vence. Además, fomenta los temores de que Madrid no pueda encontrar dinero para recapitalizar su sector bancario, con la posibilidad de que España siga el camino de Grecia, Irlanda y Portugal y tenga que pedir un rescate internacional financiero. Empero, ya que la economía española es mucho mayor de la de esos tres países, cualquier rescate comprometería al máximo los recursos de otras naciones.

Además, los bancos de la eurozona han sido un elemento clave en la crisis de la deuda soberana del Viejo Continente. Rescatar a los bancos es una carga enorme para los gobiernos, a su vez en una situación económica muy precaria. La mayoría de los poderes para regular la banca han quedado en manos de las autoridades nacionales, más interesadas en proteger sus industrias financieras aunque sea en detrimento del sector bancario europeo.

Y sólo en dos semanas, Grecia volverá a las urnas con la posibilidad real de que el nuevo gobierno rechace las condiciones de sus dos rescates financieros, lo que le obligaría a abandonar la eurozona.

La quiebra de España, el colapso del sistema bancario o la salida griega del euro podrían tener consecuencias negativas para el resto del mundo, al generar una nueva recesión global.

El pasado miércoles, el brazo ejecutivo de la Unión Europea, la Comisión Europea, pidió a los políticos que creen una autoridad central con poder y fondos suficientes para enderezar el aquejado sector bancario. Al día siguiente, Draghi dijo que la eurozona es "insostenible" y pidió una profunda reforma que reconsidere todo lo hecho desde su lanzamiento en 1999.

"Disipen la niebla", pidió a los miembros del Parlamento Europeo en Bruselas.

"El BCE está harto de ser el bombero de la eurozona y al parecer prefiere ahora mantenerse al margen", dijo el analista Carsten Brzeski, de la firma ING en Bruselas. "Parece que el BCE quiere mantener la presión al máximo ante la inactividad de los políticos".

La economía de la región podría contraerse más del 0,3% pronosticado por los analistas.

Si Draghi y el consejo gobernante ven resultados factibles en las medidas adoptadas por los dirigentes políticos europeos para la cumbre del Viejo Continente en junio, podrían sentirse inclinados a aportar más ayuda.

Entre las medidas que podría ofrecer el BCE destaca la adquisición directa de bonos soberanos, lo que elevaría su precio y reduciría sus intereses. El BCR lo hizo de forma intermitente para respaldar a España e Italia hasta fines del año pasado. Empero, la naturaleza limitada del programa no impresionó a los mercados.

El presidente del gobierno español Mariano Rajoy y muchos economistas propusieron que el fondo de rescate de la eurozona ayude directamente a los bancos con nuevas inyecciones de dinero, algo que parece improbable tras las sumas invertidas ya con ese fin.