Cuando Denise Pérez y sus cuatro hermanos buscaban una casa funeraria para el entierro de su padre recién fallecido, tuvieron el agrado de encontrar una con personal que hablaba español y horarios de visita más prolongados.

“Tenemos muchos familiares en México y sabíamos que iban a seguir llegando durante toda la noche así que queríamos que el horario de visita fuera más largo”, dice. “Eso es común en México pero no sabíamos que era algo que podíamos encontrar aquí también”.

La familia eligió Funeraria del Angel Humphrey, una de varias casas mortuorias en el sur de California que han cambiado de nombre para atraer al creciente mercado latino de los Estados Unidos.

Funeraria del Angel Humphrey, situada en Chula Vista (California) antes se llamaba Humphrey Mortuary hasta que la compañía matriz de la funeraria, Service Corporation International, decidió cambiarle el nombre el año pasado. La compañía también cambió el nombre de una de sus funerarias en Escondido (California) a Funeraria del Angel Humphrey McLeod.

“Acogemos a todas las etnias, razas y creencias religiosas”, dijo Alejandro Escalera, gerente de Humphrey, cuando le preguntamos sobre el cambio de nombre. “Pero entendimos que el mercado hispano está creciendo y quisimos asegurarnos de que supieran que entendemos sus creencias y tradiciones culturales”.

Además del nuevo nombre, la casa funeraria agregó personal bilingüe, una cocina y la opción de velatorios más extensos, de hasta 24 horas de duración. También ayudan a las familias con el papeleo necesario para repatriar el cuerpo a México u otro país de América Latina. Escalera dijo que aproximadamente el 60 por ciento de sus clientes son latinos.

Esos cambios ponen de manifiesto cómo un número creciente de funerarias está procurando capitalizar la floreciente población latina, que aumentó un 43 por ciento esta última década, de 35,300,000 a 50,500,000, según Centro Hispano Pew.

“No debe sorprendernos que los directores de las casas de sepelios hayan reconocido que los latinos son un mercado que debe captarse”, dice Félix Gonzáles, un funerario que enseña en San Antonio College of Mortuary Science, muchos de cuyos alumnos son hispanos.

“Morimos como todo el mundo”, dice.

Gonzáles no está seguro sobre si es necesario cambiar el nombre de la casa funeraria a otro nombre que suene latino para atraer a los clientes hispanos. Pero sí ha comprobado que algunos clientes quieren que haya personal que hable español en la funeraria que eligen.  

“Un director funerario que vive en la zona norte del centro del país me llamó el otro día buscando a alguien que hablara español”, dice. “Ofrecían un salario inicial de $50,00. Eso es el doble de lo que se paga en Texas”.

Denise Pérez dijo que el personal hispanohablante de Humphrey ayudó mucho a su madre. “Sin duda entiende inglés, pero no se siente cómoda hablándolo”, dijo Pérez. “Sandra (en Humphrey) fue de gran ayuda. Le explicó todo en español y le respondió a mi mamá todas las preguntas que tuvo”.

A Pérez también le agradó que la funeraria ofreciera una sala aparte donde los numerosos nietos de su padre pudieran ver películas mientras los padres asistían al velatorio. “Había entre 12 y 15 niños, así que eso ayudó mucho”, dijo.

Si bien muchos hispanos de primera generación son de clase trabajadora, eso no significa que no gasten en un funeral para sus seres queridos, dice Gonzáles. “Trabajan muy, muy arduamente y también ahorran mucho. La mayor parte la envían a su país pero también están los que se dan cuenta de que les podría pasar algo y piensan: ‘Si muero, quiero regresar a casa’”.

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