La incertidumbre de los hombres acerca de la paternidad de los hijos de sus mujeres está en la raíz de los límites de la conducta sexual que son comunes a los cinco credos religiosos mayores del mundo, según un estudio que publica hoy Proceedings of the National Academy of Scientes (PNAS).

Un equipo de científicos, encabezado por Beverly Strasamann del Instituto de Investigación Social en la Universidad de Michigan, llegó a la hipótesis de que las prácticas religiosas que regulan de forma más estricta la sexualidad femenina son las que tratan de promover la certeza sobre la paternidad.

"Los textos sagrados de cinco religiones mundiales -budismo, cristianismo, hinduismo, islam y judaísmo- usan sistemas de creencias similares para fijar los límites a la conducta sexual", señala el artículo.

"Esta similitud es una solución cultural compartida para un problema biológico: la incertidumbre masculina acerca de la paternidad de los hijos", añade.

Las religiones de mayor extensión en el mundo surgieron todas de sociedades patriarcales en las cuales los recursos más importantes para la reproducción, ya sea en forma de tierras o ganado, se heredaban de padre a hijo, es decir por linaje masculino.

Y para la protección de ese linaje los textos considerados sagrados estipulan castigos muy graves para el adulterio y otros comportamientos que erosionen la certeza del esposo acerca de la paternidad de los hijos de su mujer.

Estas escrituras sagradas también enfatizan la castidad femenina más que la masculina, incluidos los requisitos de "modestia" en la vestimenta y la idealización de la virginidad de las solteras.

Las hipótesis del equipo investigador se sustentan en los datos genéticos de 1.706 pares de padre e hijo en una población africana.

Strassman, una antropóloga, vivió durante más de dos años con la cultura dogon, de Mali, en el África occidental, donde coexisten en las mismas aldeas y familias el protestantismo evangélico introducido por misioneros estadounidenses, el catolicismo introducido por jesuitas franceses, el Islam, y la religión monoteísta tradicional.

En la cultura tradicional dogon, al igual que en otras, existe el tabú de la menstruación bajo el cual durante esos días de su período mensual la mujer es exiliada durante cinco noches a "chozas" menstruales.

Según los investigadores, el propósito de las diferentes prácticas que perpetúan el tabú menstrual es indicar claramente que la mujer no está embarazada y en pocos días entrará en sus días fértiles.

"La certidumbre de paternidad es más alta entre quienes practican la religión indígena que en entre los cristianos, lo cual atribuimos al abandono de los tabúes menstruales por parte de los cristianos", afirmó el artículo.

Aunque las religiones mundiales no tienen "chozas menstruales" si tienen estipulaciones comunes para evitar la infidelidad, continuó.

Por ejemplo, en el judaísmo las leyes de pureza menstrual incrementan la frecuencia del coito en torno a las fechas de ovulación, y para evitar la confusión sobre la paternidad el Corán estipula que, después de un divorcio, la mujer debe esperar tres períodos menstruales antes de casarse otra vez.

Las "leyes de Manu" en el hinduismo condenan "la siembra en parcela de otro hombre", la Biblia contiene declaraciones enérgicas contra el adulterio y los hijos extramaritales, y el budismo considera el adulterio como una forma de conducta sexual inapropiada.

"Para prevenir los 'cuernos' las religiones usan la estrategia doble de control social en la esfera pública y el miedo del castigo sobrenatural", indica el artículo. "En Estados Unidos la asistencia frecuente a la iglesia y la creencia de que la Biblia es la palabra de Dios fueron los dos indicadores más robustos de tasas bajas de copulaciones fuera de la pareja".

"Las similitudes ideológicas y tácticas entre las religiones mundiales y la religión dogon han surgido en respuesta a las mismas presiones biológicas", concluye el estudio.