Sandra Tamari había llegado al aeropuerto internacional de Israel y recibió una indicación fuera de lo común: un agente de seguridad la puso frente una pantalla de computadora conectada a Gmail y le pidió que "ingresara".

El agente pretendía inspeccionar el correo electrónico personal de Tamari en busca de evidencia que la incriminara porque él sospechaba que la viajera pudiera estar implicada en activismo pro palestino.

La estadounidense, de 42 años y de ascendencia palestina, se rehusó y fue expulsada del país de inmediato.

Tamari no es la única que ha tenido esta experiencia. En una exaltación — cibernética — de la seguridad aeroportuaria de Israel, el país comenzó a obligar a los visitantes sospechosos a que abran sus correos electrónicos para inspeccionarlos, según los afectados.

La medida está dirigida principalmente a islámicos o árabes, al parecer para erradicar a visitantes con antecedentes de activismo pro palestino, en tanto que en las últimas semanas propició la expulsión de al menos tres mujeres estadounidenses.

Se desconocen los alcances generalizados de esta práctica.

Sin embargo, la agencia de seguridad de Shin Bet confirmó que Tamari fue interrogada y afirmó que los agentes del organismo habían procedido conforme a derecho.

Israel tiene un añejo historial de adopción de medidas que afectan a individuos por su apariencia étnica y describe esta situación como un mal necesario resultante de la experiencia amarga que ha tenido por los atentados terroristas.

Los viajeros árabes y otras personas consideradas un peligro son a menudo blanco de un interrogatorio intenso y de inspecciones invasivas, como cacheos en los que se desnuda a los afectados.