Los efectos negativos de la crisis económica mundial se prolongarán en la región centroamericana al menos durante una década, lo cual traerá como consecuencia estancamiento en el crecimiento económico, desempleo y mayores niveles de pobreza.

Así lo dijo hoy en entrevista con Efe Jonathan Menkos, especialista del Instituto Centroamericano de Estudios Fiscales (Icefi), una institución regional especializada en política fiscal fundada en 2005 y cuya sede central se encuentra en Guatemala.

"La crisis financiera que afecta principalmente a Estados Unidos y Europa podría prolongarse al menos hasta el 2022, y sus efectos en Centroamérica disminuirán sus posibilidades de desarrollo en el siglo XXI", señaló el experto.

Los primeros efectos, explicó, se han empezado a evidenciar con la reducción de las exportaciones, las que a su vez genera disminución de empleos "lo cual impacta directa y negativamente en los hogares", y hace que se incremente la pobreza.

"El otro efecto es el relacionado con las importaciones, lo cual tiene su punto más significativo en la recaudación fiscal, porque entre el 45 y el 60 por ciento de los ingresos de los Estados proviene de las importaciones, tanto por los impuestos al valor agregado y al consumo como por los derechos arancelarios", indicó Menkos.

La disminución de las remesas familiares enviadas por los inmigrantes centroamericanos radicados en EE.UU., así como la reducción del turismo y la inversión extranjera directa, agregó, serán otros de los efectos de una larga lista de negativas consecuencias de la crisis mundial en las magras economías de la región.

Los países centroamericanos lograron sortear los efectos negativos de la primera oleada de la crisis mundial, que se inició hacia 2008, gracias al sostenido crecimiento de sus economías que en promedio alcanzaron hasta el 7 %.

Sin embargo, estimó, "esta nueva crisis encontrará debilitados a los Estados" debido a que ya no tienen "márgenes de maniobra en sus políticas fiscales", lo que dará como resultados que este año, en conjunto, el crecimiento de la región no supere el 4 %.

"Ese 4 % proyectado, que es optimista, está impulsado por las economías de Panamá y Nicaragua, pero el resto de países se encuentra por debajo. Si los Estados actúan objetivamente tendrán que reducir sus proyecciones de crecimiento", añadió.

Aunque Menkos considera que las recientes reformas fiscales aprobadas en todos los países de la región, excepto Costa Rica, contribuirán a paliar los efectos de la crisis, advierte que éstas podrían no ser del todo exitosas en Guatemala y Honduras, debido a la "debilidad institucional tributaria".

La caída de los ingresos trae como efecto inmediato la caída del gasto, lo cual obligará a los Estados "a sacrificar el gasto social" y la inversión pública, en detrimento de los más de 18 millones de pobres que habitan la región.

El margen de maniobra de los países "es mínimo" porque más de la mitad de sus presupuestos están destinados a "gastos rígidos" que sirven para el funcionamiento del Estado, y los porcentajes para gasto social e inversión pública son reducidos.

Continuar una década más bajo las mismas circunstancias, subrayó el experto, condenará a Centroamérica a seguir en el subdesarrollo y acrecentar sus problemas sociales debido al crecimiento de la pobreza.

"Las estadísticas que empiezan a salir en la región sobre condiciones de vida nos dicen que en países como Costa Rica la pobreza ha aumentado. Lo mismo pasa en El Salvador y probablemente también en Guatemala", afirmó.

Los Estados y los ciudadanos "organizados y empoderados" deben "encontrar posibilidades de protección social que permitan enfrentar los riesgos del hambre y el desempleo" para evitar que los escenarios más oscuros que se dibujan sobre la región puedan profundizarse, concluyó Menkos.