El presidente sirio, Bachar al Asad, arremetió hoy con dureza contra los supuestos enemigos internos y externos que a su juicio quieren destruir Siria mediante el terrorismo y prometió mano dura para acabar con esta situación.

En un tono beligerante, Al Asad compareció por sorpresa ante el Parlamento para subrayar que Siria se enfrenta a una "guerra verdadera" que no tiene relación con el proceso político actualmente en marcha en el país.

"Siria no afronta un problema político sino un proyecto para la destrucción de la nación cuyo instrumento es el terrorismo", enfatizó el mandatario, que volvió a criticar la supuesta conspiración de fuerzas extranjeras en las últimas décadas.

También se mostró igualmente duro con los ciudadanos sirios involucrados en los actos violentos y prometió perdonar a quienes se entreguen a las autoridades sin haber cometido delitos de sangre.

Al Asad, que puso la seguridad nacional como una línea roja, destacó la necesidad de distinguir entre el combate a los grupos armados, a los que culpa de la violencia en el país, y el diálogo político con los opositores.

"Separar entre el terrorismo y la política es un asunto importante para llegar a una solución de la crisis", explicó.

Al Asad optó por esa fórmula tras constatar que la violencia ha ido en aumento pese al "proceso aperturista" que ha querido llevar a cabo y en pleno debate sobre la viabilidad del plan de paz del mediador internacional Kofi Annan, actualmente en punto muerto.

"Desde el primer día sabíamos que la opción política no iba a aportar una solución, pero comenzamos por esta línea porque el pueblo sirio la necesita, independientemente de la crisis", argumentó.

El compromiso inicial entre el régimen y la oposición no ha sido suficiente para desarrollar la iniciativa del enviado especial de la ONU y la Liga Árabe, que estipula el fin de la violencia, la retirada militar de las ciudades, la liberación de los presos políticos y el inicio de un diálogo político, entre otros puntos.

Las palabras hoy del mandatario a favor de un "diálogo sin condiciones y sin injerencias extranjeras" parecen perder peso mientras sigue sin tregua la violencia en Siria que ha dejado más de 10.000 muertos desde marzo de 2011, según cifras de la ONU.

Respecto a la masacre de un centenar de personas el pasado 25 de mayo en la zona central de Hula, que motivó la retirada de los embajadores sirios de los principales países occidentales, Al Asad condenó este suceso, "que ni siquiera los monstruos podrían haber cometido", y liberó de toda responsabilidad a las fuerzas del orden.

En opinión del presidente, los enemigos de Siria se han adentrado en el país y "trabajan para crear una división sectaria, que es su última carta porque ya han agotado todas sus opciones".

Así se expresó Al Asad después de que ayer Annan alertase en Doha del riesgo de una guerra civil sectaria en Siria, cuya crisis ha empezado a tener repercusiones en otros países.

La comparecencia de Al Asad estuvo precedida por un minuto de silencio en honor a las personas que perdieron sus vidas por el país y fue recibida con varias ovaciones por parte de los parlamentarios, miembros en su mayoría del partido gobernante Baaz.

Compuesto por 250 escaños, el Parlamento sirio fue elegido el pasado 7 de mayo en las primeras elecciones pluripartidistas que se celebraban en Siria desde 1963 y que fueron boicoteadas por la mayoría de la oposición.

Desde el inicio de la rebelión que pide su renuncia, Al Asad ha ofrecido cuatro discursos ante la nación y se ha dejado ver en público en escasas ocasiones, si bien sigue firme en su intención de mantenerse en el poder.