La Premio Nobel de la Paz y líder de la oposición en Mianmar, Aung San Suu Kyi, tornó su atención el sábado a la crisis de refugiados de su país, con una visita a un vasto campamento en la frontera de Tailandia, para ver en persona las penurias que sufren centenares de miles de sus compatriotas que han escapado de guerra.

La gira de seis días esta semana es el primer viaje al exterior en 24 años de Suu Kyi, que este año hizo la transición de prisionera política a parlamentaria opositora. La veterana activista ha empleado su viaje mayormente para llamar la atención hacia la situación de sus compatriotas en el exterior.

Centenares de partidarios jubilosos saludaron a Suu Kyi en el aeropuerto de la ciudad de Mae Sot, desde donde la parlamentaria fue llevada en una caravana al campo de refugiados de Mae La. El campamento es hogar de unos 45.000 refugiados, que viven en chozas en la base de montañas.

El viaje es un claro voto de confianza por Suu Kyi en el nuevo gobierno de Mianmar, cuyo estilo reformista contrasta marcadamente con el de la antigua junta militar. Incluso cuando no estaba en prisi*n o arresto domiciliario bajo el antiguo régimen, Suu Kyi siempre se negó a salir del país, por temor a que los generales no la dejasen regresar.

Suu Kyi ha dicho reiteradamente que piensa que el presidente Thein Sein está sinceramente dedicado a la reforma democrática, pero esta semana le advirtió a la comunidad internacional que ejercite cautela y un "escepticismo saludable", diciendo que las fuerzas armadas siguen siendo poderosas.

Naciones occidentales han comenzado a suspender las duras sanciones económicas que una vez ayudaron a aislar al régimen militar, pero críticos dicen que queda mucho por hacer. Centenares de prisioneros políticos permanecen tras rejas, la guerra a los rebeldes de la etnia Kachin sigue en el norte y, de acuerdo con la ONU, unos 417.000 refugiados aún temen regresar.

La vasta mayoría de esos refugiados vive en Tailandia, Idia y Bangladesh.