El Centro para la Libertad del Consumidor lanzó hoy una campaña publicitaria con anuncios en prensa contra los planes del alcalde de Nueva York, Michael Bloomberg, para prohibir la venta de refrescos azucarados de gran tamaño en restaurantes, cines, estadios y carritos callejeros.

"Los neoyorquinos necesitan un alcalde, no una niñera", dice el anuncio que hoy aparece ocupando una página entera del diario The New York Times, pagado por esa asociación, creada en 1996 y que promociona la responsabilidad personal y la protección de la elección de los consumidores.

Bloomberg anunció esta semana que planea una ley que prohibiría la venta de bebidas refrescantes de gran tamaño y otras con alto contenido en azúcares en los restaurantes, cines y carritos callejeros para luchar contra la obesidad en la ciudad.

"Nanny Bloomberg tiene una extraña obsesión con meterse con lo que uno come", dice el anuncio de la organización, en el que aparece un montaje fotográfico con el rostro del edil y la figura de una mujer mayor.

Esta organización sin ánimo de lucro se pregunta cuál va a ser la siguiente prohibición de Bloomberg "el ancho de un triángulo de pizza, el tamaño de una hamburguesa o cuánto queso le pone uno al bagel", en referencia a un tipo de pan muy popular en Nueva York.

El regidor justificó su iniciativa, que todavía tendrá que ser sometida a votación del consistorio a finales de mes y que de aprobarse entrará en vigor en marzo de 2013, en su preocupación por la salud pública de los neoyorquinos y la lucha contra la obesidad, considerada como un problema nacional.

La obesidad es una enfermedad que se vincula con problemas cardiovasculares, diabetes, cáncer y trastornos del sueño, entre otros problemas, y que según datos municipales afecta a un tercio de los neoyorquinos.

La propuesta de Bloomberg contempla prohibir la venta de bebidas de ese tipo a partir del tamaño de 16 onzas o 464 mililitros, además de en los lugares citados, en otros muy habituales y populares de la ciudad en donde los neoyorquinos suelen comer a diario.

Se trata de los "delis" o restaurantes en que se venden bocadillos, ensaladas y comida fría, las franquicias de comida rápida (comida chatarra) e incluso los estadios deportivos.

En la prohibición quedarían incluidas desde las bebidas energéticas a los refrescos tipo soda o los tés fríos azucarados.

No lo estarían, sin embargo, las que tienen menos de 25 calorías, así como las aguas vitaminadas o el té sin azúcar, muy de moda entre los neoyorquinos y que contienen cero calorías.

La Asociación de Bebidas de Nueva York también se mostró crítica con los planes del alcalde y en un comunicado señaló que el Departamento de Sanidad de la ciudad "tiene de nuevo la insana obsesión de atacar este tipo de bebidas".

Al tiempo rechazó la idea de que la obesidad en el país -que en 2010 afectaba a 2,4 millones de adultos- se pueda combatir "atacando a los refrescos".

En la página web del Centro para la Libertad del Consumidor se critica que Bloomberg, de 70 años y con una fortuna personal valorada en más de 19.500 millones de dólares, según Forbes, "no tiene problema en tomarse dos cafés medianos en vez de uno grande si le apetece, pero de forma sorprendente cree que no reduce las posibilidades de elegir de los consumidores".

El millonario político, ya en su tercer mandato como alcalde de Nueva York, ha hecho de la salud pública una de sus prioridades y ya ha aprobado legislaciones restrictivas con prohibiciones como la de incluir las denominadas grasas "trans" que aumentan el colesterol y se consideran altamente perjudiciales para la salud en las comidas de restaurantes en franquicia y de comida rápida.

Otras medidas tomadas por el millonario alcalde neoyorquino han sido la de obligar a las cadenas de restaurantes a incluir el número de calorías de los alimentos al lado del precio y prohibir fumar en restaurantes y parques públicos, piscinas, playas y lugares históricos de Nueva York.

Algunos consideran esas decisiones, sin embargo, como pioneras para el resto del país ya que en algunos casos han sido seguidas por otras ciudades, como ocurre con las más restrictivas sobre el tabaco o el consumo de alimentos con grasas hidrogenadas.