Phil Garner nunca paró de contar grandes anécdotas de Roger Clemens.

Que el pelotero alguna vez entrenó con un chaleco antibalas que tenía pesos adosados por un total de 27 kilogramos (60 libras), que el jugador gritaba para darse aliento o ventilar su frustración, que éste había reprendido a los demás jugadores, que advirtió que el plato del home estaba algo desalineado.

Garner subió el jueves al banquillo de los testigos, pero a veces se le percibía como si fuera de nuevo el piloto de algún equipo de grandes ligas que contaba historias a sus jugadores antes del inicio de un partido.

Ninguno de los relatos implicó a Clemens en el consumo de sustancias que mejoran el rendimiento deportivo.

Garner reforzó al "Cohete" — Clemens con el testimonio que rindió de parte de la defensa en el juicio por perjurio que se sigue al siete veces ganador del Premio Cy Young.

Garner, que fue mucho tiempo jugador de cuadro y durante dos años y medio piloto de Clemens con los Astros de Houston, se sumó a la cadena de testigos que han elogiado el liderazgo y conducta ética del lanzador.

El testimonio es parte de la estrategia para presentar al ex astro como un atleta que alcanzó la gloria al final de su carrera mediante el ahínco, la inteligencia y el tesón sin par.

"¿Alguna vez Roger Clemens buscó un atajo?", preguntó a Garner el abogado del jugador, Rusty Hardin.

"¿Que si buscó un atajo?", respondió Garner con otra pregunta. Hizo una mirada de sorpresa, sonrió y dijo: "No".

Según la fiscalía, Clemens consumió esteroides y hormona del crecimiento humano para prolongar su carrera.

Esa aseveración sólo tiene el sustento de uno de los testigos, Brian McNamee, ex preparador físico de Clemens. El ex jugador está acusado de mentir cuando dijo en 2008 al Congreso que jamás había utilizado ninguna de las sustancias mencionadas.

Para contrarrestar el testimonio de McNamee, la defensa llamó a amigos y colaboradores de Clemens que tenían vínculos con el ex jugador desde la secundaria, la universidad y los años de éste con los Medias Rojas de Boston, los Azulejos de Toronto y ahora, los Astros de Houston.

Garner regaló en el tribunal anécdotas internas de las Grandes Ligas que habrían sido la delicia de aficionados al béisbol. Una de estas fue que las esposas de los jugadores bailaron en el dugout cuando los Piratas de Pittsburgh se enfilaban hacia la conquista de la Serie Mundial en 1979.

Sin embargo, se desconoce el efecto que este tipo de relatos tendrá en el jurado, la mayoría formada por residentes de Washington ajenos al béisbol.

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El periodista de The Associated Press, Frederic J. Frommer, contribuyó a este despacho.

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