Comenzaba siempre su "juego" favorito haciendo que el niño se sacase su ropa interior y se pusiese pantalonetas holgadas así podía manosearlo mejor. Luego, el reverendo Robert Van Handel recorría con sus manos el cuerpo del muchacho, quien estaba recostado sobre su falda, escuchando música con auriculares, mientras se hacía el dormido.

El relato aparece en una "historia sexual" de 27 páginas escrita por Van Handel, un cura franciscano que fue apartado del sacerdocio y quien ha sido acusado de abusar de 17 niños, incluido un sobrino suyo de cinco años, chicos de un coro y estudiantes de un seminario donde enseñaba.

El ensayo, escrito como parte de un tratamiento terapéutico y que se mantuvo en secreto por años, permite observar la psiquis de un notorio cura pedófilo. Se cree que es el primer relato de este tipo que sale a la luz pública en el marco de una disputa legal a pesar de la cantidad de demandas similares que se ventilan en los tribunales.

La mayoría de los archivos confidenciales de los tribunales apenas si aluden a relatos detallados como este, que son parte de un tratamiento y que teóricamente pueden ver únicamente el sacerdote y su psicólogo, expresó el abogado Jeffrey Anderson, quien ha lidiado con más de 2.000 casos de abusos que involucraron a curas.

"Esto es algo único", manifestó Anderson. "Realmente permite meterse en la cabeza de un abusador".

El relato de Van Handel salió a la luz como parte de un arreglo por 28 millones de dólares entre los franciscanos y 25 víctimas de abusos alcanzado hace seis años. El acuerdo incluye la difusión de los archivos internos de la orden religiosa. Los sacerdotes involucrados trataron infructuosamente de impedir esa difusión, en una batalla legal que llegó a la Corte Suprema de California.

La Associated Press obtuvo más de 4.000 páginas, incluido el "relato sexual" de Van Handel. Se lo entregó la semana pasada el abogado de una de las víctimas.

El ensayo fue escrito entre 1993 y 1994, durante el tratamiento a que se sometió el religioso en la Pacific Treatment Associates de Santa Cruz. Su contenido fue corroborado mediante cartas, entrevistas de víctimas y documentos legales.

En él, Van Handel, quien a los 15 años fue víctima de abusos-- cuenta la represión sexual que lo acosó en la preadolescencia, su temor a la pubertad y su conversión en un pedófilo que elegía sus víctimas entre los miembros de un prestigioso coro que él financiaba.

Parece atormentado por sus acciones, y al mismo tiempo cautivado. Describe a su víctima "más hermosa", un chico de siete años, y habla de su relación con tres hermanos. Dice que al menor de ellos le tomó unas fotos desnudo que eran "bastante artísticas".

"Una vez, o tal vez más, lo llevé a la torre de cemento, que tiene barras de acero en las ventanas, y posó como si fuese un preso, con poca ropa", recuerda Van Handel. "Era como si pudiese hacer lo que quisiese con él".

El cura toqueteaba a los miembros del coro fingiendo que les hacía cosquillas o les daba masajes durante ensayos individuales. Jugaba a los dardos con los chicos y terminaban haciendo como que luchaban. Le tocaba los genitales a seminaristas en la secundaria, en los dormitorios, y durante un viaje a Europa le tomó fotos a los jóvenes en la ducha.

Van Handel parece no darse cuenta de la gravedad de sus actos y rara vez expresa remordimiento, con excepción del tramo en el que habla de la paranoia que sentía por el temor a ser descubierto. Por el contrario, habla más bien de sus necesidades emocionales.

"Me siento más feliz cuando estoy acompañado por un niño", escribe. "Tal vez, al margen del aspecto sexual, el chico quiere alguien con quien jugar".

Van Handel, quien hoy tiene 65 años y está registrado por la policía como abusador de menores en el condado de Santa Cruz, no devolvió mensajes pidiéndole una entrevista y su abogado Robert "Skip" Howie dijo que no le permitiría hablar. Sostuvo que la difusión de material médico privado impedirá en el futuro identificar y tratar a estas personas.

Ver el documento fue doloroso y al mismo tiempo liberador para quienes se reconocieron en sus páginas. Una víctima dijo que los recuerdos de Van Handel coinciden exactamente con los suyos, a pesar de que el cura parte de una perspectiva totalmente diferente.

"Es bueno leer, en sus propias palabras, lo que hemos venido diciendo que sucedió. Estábamos diciendo la verdad", expresó el hombre, uno de los hermanos de los que abusó Van Handel. Pidió permanecer anónimo para proteger a sus otros hermanos, que no estaban preparados para hablar públicamente.

El cura describe una infancia muy solitaria, con un padre autoritario que hizo mudar a la familia cinco veces para cuando él tenía siete años. La familia, de siete miembros, se instaló definitivamente en el condado de Orange cuando él tenía 10.

A los 13 años, su padre lo obligó a leer un libro de educación sexual que lo asustó mucho. Dijo que lo atemorizaba la pubertad. Se imaginó necesidades sexuales que eran como veneno y añoró seguir siendo siempre un niño.

Ese año, ingresó al seminario franciscano de San Antonio en Santa Bárbara para escaparle a su padre y a sus ansiedades sexuales.

Como seminarista, no obstante, un cura abusó de él cuando se encontraba en la enfermería. El sacerdote le dijo que lo que habían hecho lo haría sudar y le quitaría una fiebre. "Si bien no creo que haya sido algo de crucial importancia en mi vida, es curioso que 10 o 15 años después yo haría exactamente lo mismo", expresa.

Van Handel dijo que después de la secundaria fue que se dio cuenta que sus intereses sexuales no eran normales.

Descubró la pornografía y comenzó a comprar revistas con chicos desnudos. También empezó a tomar fotos de muchachos jugando en una fuente de la escuela.

Sus fantasías se hicieron realidad en 1970, cuando se fue a Berkley para sacar una maestría y fundó un coro para chicos de la zona. Allí abusó de un niño de siete años y también de su sobrino de cinco.

Van Handel dice que en dos ocasiones trató de hablar de sus inclinaciones sexuales con consejeros franciscanos, pero que fue tan ambiguo que no le entendieron.

En 1975 se ordenó y fue enviado a San Antonio, el mismo sitio donde habían abusado de él una década antes.

Allí comenzó otro coro y siguió abusando de menores.

Van Handel es franco en sus confesiones, pero no parece comprender el daño que hizo.

Dijo que en 1983 leyó en algún lado que el director de un coro había sido arrestado por abuso de menores y que eso le generó una depresión con inclinaciones suicidas.

"Por primera vez me enfrenté con el hecho de que lo que estaba haciendo tal vez era un delito", relató.

Van Handel dice que, en un intento de reformarse, salió con tres mujeres, incluidas dos que tenían hijos en sus coros. Se acostó dos veces con una de ellas y lo atormentó la idea de que pudiese quedar embarazada.

"Sentí que se me abría un mundo nuevo y me gustó la experiencia. Sentía que era algo normal", cuenta.

En la misma época fue nombrado rector de San Antonio y se le pidió que investigase denuncias de abusos por parte de otro cura. Se asustó al comprobar que él también había abusado de dos de los chicos que denunciaron a ese sacerdote.

En 1992, los padres de una de sus víctimas finalmente lo denunciaron a él. Dos años después se declaró culpable de haber abusado de menores.